Como todos sabemos ya está a la vuelta de la esquina la fiesta del Rey Momo, los supermercados seguro estarán abarrotados y hoy desde las 5:00 pm será complicado por el embotellamiento épico, todos tratando de ir en la misma dirección.

No los culpo, recuerdo cuando era una niña yo no esperaba a que fuera viernes de Carnaval, mis abuelos arreglaban el viaje desde el miércoles anterior.  Mis padres nos dejaban en la casa de mis abuelos a las 6:00 am y mi prima generalmente dormía ahí desde la noche anterior, la travesía empezaba como a las 7:30 am, vámonos hacia La Villa.

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Las tres íbamos equipadas con añil, pistolas de agua, pantalones cortos, suéter y zapatillas (lo más viejo).  Nos tomaba como 4 horas llegar, pero íbamos felices, pensando en el primer culeco y en todas las tunas en las que íbamos a saltar, los helados de pipa que íbamos a degustar  y las carne en palitos que nos íbamos a comer.

Salía el sol y nadie tenía que pedirnos que nos bañáramos, éramos las primeras en estar listas, sentadas en la hamaca solamente a esperar a que los adultos montaran el cooler en el carro.

Ahora a mis 3X claro que espero con ansias estos días libres, viajo igual al interior pero me voy de madrugada cuando el barullo de personas ya ha llegado a su destino y me llevan por delante una caja de cervezas.  Cambié mi añil por un bloqueador de 80, mis pistolas de agua las cargan mis hijos y mis zapatillas son una versión más cómoda pero actualizada.

También voy a los culecos, pero sólo 1 día y envuelta casi como un tamal para que el sol no adelante más las inevitables arrugas, por supuesto que voy el sábado cuando la mitad de los asistentes no han llegado porque están saliendo de trabajar y de regreso a la casa me adueño de una hamaca cual oruga hasta que los demás entierren la sardina.

Columna de opinión escrita por Yanina Maffla.

Fotografías retomadas de internet.