Uno de los productos con más contradicciones hoy día es la leche, y aunque ha sido de los alimentos más utilizados en la dieta diaria en muchas culturas, la polémica entre encontrarla dañina o no, cada vez crece más.

Por Anabella Cuervo 

Los estudios que apoyan su consumo, dicen que la ingesta de calcio proveniente de la leche (aproximadamente 3 vasos al día) es excelente opción para prevenir el debilitamiento de los huesos y por ende la osteoporosis. Por el contrario, existen estudios que creen que consumir leche tendrá poco efecto en la incidencia de fracturas y que además, puede contribuir a problemas de salud como enfermedades del corazón o ciertos tipos de cáncer, ya que acidifica nuestro organismo y podría resultar pro-inflamatoria.

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Por otro lado, un estudio de la universidad de Uppsala, Suecia, nos cuenta que los derivados de la leche, como el yogurt y ciertos quesos, no se asocian con problemas de salud y parecen mejorar el riesgo de fracturas óseas. La asociación negativa se limitaba solamente a la leche líquida, y esto se debe a que los científicos especulan que un tipo específico de azúcar encontrada en la leche líquida, D-galactosa, puede ser la causa. D-galactosa se encuentra en grandes cantidades en la leche de vaca y baja en productos fermentados como el yogurt y el queso y este estudio nos indica que éste compuesto aumenta el envejecimiento, el estrés oxidativo y la inflamación.

Sin embargo, ¿qué es correcto y que no? Una respuesta definitiva no se ha logrado concluir. Desde mi perspectiva, la leche de vaca no tiene porqué ser totalmente eliminada de la dieta, lo importante es elegir porciones acordes a cada cuerpo y edad, al igual que versiones más saludables. Por ejemplo, si te gusta consumir leche de vaca pero buscas reducir el porcentaje de grasa de tu dieta para cuidar tu salud, opta por leche descremada (libre de grasa/fat free), ya que esta contiene solamente alrededor de 0.3g de grasa. Por otro lado, es importante entender que la leche deslactosada es creada para aquellas personas que no digieren o son intolerantes a la lactosa, pero esta puede contener la misma cantidad de grasa que la leche convencional y la misma cantidad de carbohidratos, ya que su azúcar natural (la lactosa) no es eliminada, más bien se le añade la enzima necesaria para digerirla (lactasa) ¡y hasta sabe más dulce!

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Ahora, la leche no es indispensable para la nutrición del adulto. Si se quiere asegurar suficiente ingesta de calcio, existe cantidad de alimentos ricos en este mineral, como lo son las semillas chía, los frijoles, vegetales de hoja verde como el brócoli, col rizada y alcachofas, la naranja, los edamames, la sardina, el ajonjolí, los frutos secos, entre otros.

De igual manera, hoy día existen sustitutos de bebidas lácteas adaptadas para todo tipo de gusto y nutrición, como la “leche” de almendra, de arroz, de avellana, de coco, de hemp, de soya, de avena, etc. De elegir estas bebidas, es importante que sean sin azúcar (unsweetened), bajas en grasa y de ser posible, fortificadas. Una de las más consumidas actualmente remplazando la leche de vaca, es la leche de almendra, y ésta, es una excelente opción, ya que contiene vitaminas y minerales como calcio, potasio, Vitamina A y B, es baja en grasa, sin azúcar ¡y muy agradable de sabor!

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