Querida amiga… Hace tan solo unos días que conociste a esa personita que con solo verla te enseñó una forma diferente y especial de amar. Hoy, ya estás en casa y te convertiste en mamá. Estoy segura que hay una mezcla de sentimientos en ti difíciles de explicar.

Sabes bien que no soy una mamá experta, soy tan nueva como tú en esto de ser mamá, con tan solo algunos meses más de experiencia.

Sé que recién llegas a tu casa con este nuevo miembro de la familia y que tienes miles de dudas y temores rondando en tu cabeza. Ese pequeñito que has traído al mundo depende de ti para todo, y tú, solo quieres lo mejor para él.

Hoy, en esta carta, quiero contarte algunas cosas que he aprendido en estos meses. Con suerte, quizás, en medio de mis palabras nos encontremos y veamos juntas que ser mamá es una aventura donde aprendemos día a día tanto o más que nuestros propios hijos.

La importancia de conservar la calma cuando eres mamá

Luego de 9 meses de estar con él, en silencio, ahora hace un poquito más de ruido ¿verdad?. Seguramente habrán momentos donde sientas impotencia por ver a tu bebé llorar y no poder hacer que se calme tan rápido como tú quisieras.

Cada bebé es diferente y poco a poco encontrarás ese “algo” que hace que tu bebé se calme más rápido. Mientras tanto, no te olvides de que muchas veces tu bebé puede llorar para pedirte ayuda con una de estas cuatro cosas: que lo alimentes, lo ayudes con sus gases, le cambies el pañal o lo ayudes un poquito a dormir.

Lo más importante es que no te desesperes, aunque no lo creas, el bebé siente tus nervios y tu estrés. Si tú estás feliz, él lo estará. Si tú estás triste o molesta, créeme, él lo estará.

Haz de tu bebé tu fuente de energía

Tal vez te sientas un poquito cansada, sobre todo ahora que acabas de llegar del hospital. No te aflijas, es normal, no es que tú seas más débil que las demás. Creo que nadie podrá contradecirme en eso.

El estar todo el tiempo pendiente de tu pequeño, dormir menos de lo que acostumbrabas y la lactancia, demandan mucha energía de ti. Tranquila, poco a poco te irás sintiendo más fuerte.

Busca en la sonrisa de tu bebé la fortaleza para seguir adelante. Recuerda que él te necesita, y te darás cuenta que tú también a él.

¡Sonríele hasta que te duelan los dientes!

Lo sé, él está tan pequeñito que aún no sabe bien como devolverte una sonrisa. No importa, aunque aún no sonría conscientemente, él está viendo tu sonrisa muy de cerca.

Cada vez que le sonríes le muestras cuánto lo quieres y cuando sea más grandecito y vea tu sonrisa, verás como su rostro se ilumina. Al sonreírle lo llenas de buenas vibras y aunque parezca tonto, le enseñas a ser feliz.


Disfruta el tiempo con él

Sé que hoy día es difícil despegarse de ese tercer brazo que tenemos llamado celular. Pero, por favor, cuando estés con tu bebé, realmente está con él. ¡Olvídate del chat, las redes, los grupos!

Ellos no crecen por segundo, tu hijo sí. No te pierdas de nada, pues a la única persona a la que le va a doler perderse algo de tu bebé es a ti.

(Está bien, hay una sola excepción: ¡puedes usar el celular para tomarle un millón de fotos!)


 

Toma nota, este es el consejo más importante…

Todos te daremos consejos, ¡incluyéndome a mí con en esta carta! ¿No te parece que de repente todos nos volvimos expertos y te damos miles de consejos? Por supuesto que no son mal intencionados, los que te rodeamos te queremos y estamos allí para ti, sin embargo, si escuchas a todo el mundo puedes afligirte un poco.

Así es que te pido que aunque sea pongas pongas en práctica únicamente este consejo:

Recuerda que cada bebé es diferente y tú eres la mamá del tuyo. Nadie sabe que es lo mejor para tu bebé que tú. Eso es lo que llamamos instinto materno. Si tienes dudas, consulta con tu pediatra, pero no olvides que tú eres quien sabe que es lo mejor para tu bebé.

Por último, mi querida amiga, no puedo despedirme sin decirte esto: ¡lo estás haciendo bien! Eres la mejor mamá del mundo, porque, aunque no te hayas dado cuenta, tú eres el mundo de ese pequeñín.

No tengas miedos, sigue tus instintos. Vive cada segundo, disfruta a plenitud todo, sin importar qué, y lo más importante, cree en ti.