Querido hermano… Si me hubieran dicho años atrás que te escribiera una carta, seguro y hubiera comenzado así: «a pesar de las peleas, te quiero». Sin embargo todo cambia  y nosotros también maduramos.

Es cierto, somos un poco diferentes aunque vengamos del mismo papá o mamá. Tenemos gustos, caracteres y formas de reaccionar distintas.

No puedo acordarme si me emocioné o no cuando me dijeron que iba a tener un hermanito. Bueno, pensándolo bien seguro y me puse celosa. O a lo mejor, al principio ni entendí lo que iba a suceder.

Ahora, veo fotos cuando estabas pequeño y siempre salgo con una gran sonrisa. Era obvio que desde ese momento alegrabas mi vida con felicidad pura.

Los recuerdos se llevan en el corazón

Te conocí y empecé a jugar contigo como lo hacía con mis muñecos bebés. La verdad fuiste como mi experimento. Ya no me imagino cuántas veces te lastimé sin querer… Pero ten seguro que el amor que sentía por ti desde ese instante es verdadero.

Recuerdo esos días de playa en los que disfrutábamos juntos y me enterrabas en la arena. ¡No creas que a veces pensaba que me dejarías ahí!

Nuestras bromas pesadas o discusiones se olvidaban a los días. Aunque sabía que eras hombre, y típico siempre nos enseñan que los niños protegen a las chicas, yo siempre quería protegerte.

No veía la hora en que crecieras para jugar juntos y ser cómplices de secretos, aunque siempre se los contabas a mamá.

Reímos, pero también muchas veces lloramos por problemas de nuestros papás y no olvido tu carita de «todo va a estar bien». En ti vi un verdadero apoyo. Aunque eras el más pequeño de la familia siempre veías la manera de cuidarnos.

Gracias por ser mi hermano y por mucho que crezcas siempre te veré como ese niño que alegraba mi vida.

Aunque no nos toque vivir juntos y tomemos caminos diferentes, siempre estás conmigo. Los recuerdos me acompañan y aumentan el amor que siento por ti día a día.

¡Te amo hermanito!