Muchas veces nos privamos de lo más rico de la vida por temor a engordar. Siempre valoramos las calorías de los alimentos. Una de las frases que siempre tenemos presentes es: «Si quieres adelgazar, elimina los postres de tu dieta».

Esta es una de las premisas que más se han difundido con respecto a los postres y su efecto en la salud. Llegó el mejor momento, la hora de derribar ese mito.

La verdad es que nos hace falta perderle el miedo a este plato y convertirlo en un mimo para nuestra salud. Y lo más importante, aprender a consumir las cantidades adecuadas.

Porque comer postre también es un hábito alimenticio que puede ayudarte a perder peso. ¿Por qué no? Por esto, decidimos contarte 4 razones que sustentan (y endulzan) esta idea. Averigua cuáles son a continuación:

1# Deja de preguntarte si te hace bien o no

Cuando piensas que debes evitar cierto alimento o determinado tipo de comidas es que empiezas a crear un vínculo negativo con la alimentación.

Esto genera una mentalidad restrictiva que no ayuda a la hora de elegir los mejores alimentos para tu bienestar. Entonces, no te dejes llevar por las publicidades que prometen comida «sin colesterol», «sin gluten», «cero azúcar» y tantos otros slogans.

A menos que tengas una condición en particular que influya en tu alimentación. Intenta pensar cuáles son los alimentos que te gustaría ingerir y qué postres adorarías comer.

Con esas opciones en mente opta por las alternativas más saludables. Y saludable significa aprender a distinguir qué comidas te caen mejor en tal momento del día. No sientas culpa si comes un postre y, sobre todo, disfrutar de cada alimento que llevas a la boca.

2# Habilita las posibilidades

De nuevo, la clave está en la forma en que pensamos la comida. No existen alimentos «buenos» y alimentos «malos». Tampoco existe algo así como comidas «adelgazantes» o «engordantes».

Si bien es cierto que algunos alimentos contienen niveles más altos de grasa, calorías y carbohidratos esto no perjudica tu salud de forma directa. En todo caso, es la forma en la que comemos la que hace la diferencia.

Entonces, el foco debe estar en comprender los funcionamientos básicos de tu organismo. Además, la manera en que reacciona ante determinado alimento.

De este modo, habilitas la posibilidad de comer distintos tipos de alimento, siempre de forma moderada y teniendo en cuenta sus consecuencias en tu organismo.

3# Piérdeles el miedo a los antojos

Un grupo de investigadores de la Universidad de Toronto descubrieron en un estudio que restringir determinado tipo de comida genera el efecto contrario del deseado. Dificulta la continuidad de la dieta.

Por esta razón, es preferible que te permitas algunos antojos de vez en cuando, solo tienes que cuidar las porciones. La ciencia ha confirmado que comer pequeñas porciones dulces producen un efecto psicológico que nos ayuda a mantenernos motivados sin desbarrancarnos en el camino.

Así es que puedes pensar en destinar de un 10 % a un 20 % de las calorías para esos pequeños gustos o postres que tanto te gustan y que, quizás, considerabas prohibidos.

4# Abraza la imperfección (también con los postres)

Solemos escuchar que debemos disfrutar de la vida y experimentar cada momento en su plenitud. Y es cierto: vivir el presente y amar lo que estamos haciendo en ese preciso instante es una de las claves para vivir la vida de forma sana con nosotros mismos.

Esta visión también implica abrazar lo imperfecto, lo distinto y lo particular de cada uno que, en general, dista bastante de los estándares marcados por la sociedad de consumo en la que vivimos.

Entonces, para estar saludable, no precisas cumplir con todos ellos. Así que la próxima vez que creas que un postre te corre de la dieta perfecta, piénsalo dos veces.

Información de Imujer.

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