¿Leíste el título y te sonó raro? Pues, no me sorprende. Las madres solemos quejarnos, y por queja, me refiero a las frases típicas que expresan inconformidad con una situación. “¿Quién dejó esto aquí?”, “¿Por qué nadie recoge sus cosas?”, “¿Hasta cuando debo repartir lo mismo?”. Seguro conoces o haz dicho algunas de estas frases, que sueltas de vez en cuando sólo para liberar la tensión, cual tetera a punto de ebullición.

Por Janett Díaz de The Mommy List PTY

Pero, ¿qué pasa, cuando se te acumulan las quejas, el horario, los deberes y el día a día? Pues pasamos al estado conocido como cansancio. Ese cansancio que nadie espera que digamos en voz alta: porque una madre se puede quejar, pero nunca se puede cansar (o al menos, eso dicta la norma).

Por años, hemos evadido nuestro derecho a estar cansadas.

Piensen en esos programas de antaño cuando el hombre llegaba a casa y decía “estoy agotado” a lo cual, acto seguido, la esposa le pasaba sus pantuflas y servía cena. ¿Y ella? Claro que también estaba exhausta, pero se lo quedaba guardado.

Los años pasan y aún seguimos sin poder decir en alto y sin culpas: estoy cansada. Buscamos refugio en un largo baño, en una clase de yoga o en la oscuridad de la noche cuando todos duermen. Dice una frase conocida, que cuando tienes hijos no volverás a dormir igual. Yo les diré que pasa cuando no duermes más, cuando no te permites sosegarte, cuando no delegas, cuando no pides ayuda…te vas extinguiendo.

Hoy día, sabemos que estar sometido a largos períodos de exigencia o de estrés produce algo llamado Síndrome de Burnout o Síndrome del Quemado.

Quién puede ser más propensa a esto que una madre, cuyo trabajo es de 24 horas al día los 365 días del año. Somos las candidatas perfectas y en muchas formas somos nosotras mismas las que nos ponemos en esta situación. No nos permitimos decirle a los demás “estoy cansada”. Y es por ello, que te quiero recordar que estar cansada no es sinónimo de debilidad, ni de rendirse y mucho menos de incapacidad. Estar agotada no te hace menos, sólo te hace real.

Pide ayuda, delega, prioriza, simplifica… haz lo necesario para cuidar de ti en ese momento de agobio. Al final, tu cuerpo, tu mente y tu familia te lo agradecerán. Te dejo esta frase para que recuerdes que aunque nuestra prioridad como madres es cuidar de otros, no debes olvidarte de ti:

“Cuidar de mi misma no significa yo primero, significa yo también”

L.R. KNOST

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