Cuando nuestros hijos nacen, francamente no sabemos cómo vamos a reaccionar. Y ¿qué sucede con nosotras cuando ya están pensando en tener novia?

Pronto, cuando los vemos, nos damos cuenta que llegó nuestro verdadero amor. Como tuve la fortuna de parir tanto varones como una niña les puedo decir que existe una gran diferencia de sentimientos. Estoy segura que otras madres entenderán perfectamente lo que trato de decir, porque no encuentro exactamente como definirlo. Amo a mis tres hijos por igual.

Por Oris Palacios

En un abrir y cerrar de ojos, ese muchachito frágil se te crece entre balones, birrias callejeras, juegos de video, clases de música,. Por si fuera poco, empiezan a hacer amistad, comienza la peleadera por los estudios y cuando menos acuerdas empiezas a verlo hacia arriba. Te lleva una cabeza de alto pero el sentimiento de cuando lo vimos por primera vez sigue intacto.

Pronto empiezan las muchachitas a llamar su atención y se enamora una o varias veces, y conoce la cima más alta y la peor de las derrotas porque de eso se trata el amor. Sin embargo, en su todavía inmadurez lo vive con la intensidad propia de su edad, que por cierto es difícil de manejar.

Y esas muchachitas llaman y chatean a todas las horas, evidentemente llegan a las casas. Es en ese momento que tu corazón se parte en dos pedazos, pero las madres con inteligencia emocional entendemos que eso es parte de la vida y deseamos mantener una relación armoniosa. Lo mejor es aceptar pero ¡OJO! A toda aquella que venga con buenas intenciones y haga feliz a nuestro hijo, al final es lo que deseamos para él: ¡La Felicidad!

Y ¿Cómo sabemos si viene con buenas intenciones?

Pues que les parece si les digo que cuando el bebé llega, aparte de traer el pan debajo del brazo, también trae un scanner especial de mamás que nos permite ver a la gente. Por encima de la ropa determinamos quién definitivamente no le conviene a nuestros hijos y difícilmente nos equivocamos.

Es cuando llega esa muchacha indicada. Que sea buena, estudiosa, con metas firmes en el futuro, buena hija. ¡Ah! que no le guste el exhibicionismo ni los excesos y tenga el mejor talante, sin berrinches ni escenas innecesarias. Y dices pues “este es el momento de ofrecerle mi cariño” y así poco a poco con la convivencia y compartiendo lindas experiencias muchas nueras y suegras se llegan a querer como madres e hijas.

Decía yo en un programa de tv hace poco; que hay un dicho muy conocido que reza: “dos lolas jalan más que mil carretas”. Por ende, puede ser que en algún momento ella tenga un poder superior sobre nuestro hijo. Por eso, es mejor llevar la fiesta en paz. Siempre y cuando esa chica no represente un peligro importante, se puede llevar un estupendo equilibrio y sacar lo mejor de esas relaciones.

Recapitulando, los puntos importantes son:

1) scannearla a ver si viene con buenas intenciones, porque de no ser así hay que batallar.

2) Si es una buena chica ofrecerle nuestro apoyo, una franca amistad y consejos para ambos.

3) Abrirle la puerta de nuestro hogar y demostrarle que somos buenas personas y esperamos recibir lo mismo.

Pero si al final ambos descubren que no eran el uno para el otro y deciden terminar su relación, lo que se espera es que sea en términos civilizados. Es importante que ambos busquen a la persona que crean que realmente los pueda hacer felices.

Ser madre nunca ha sido ni será una tarea fácil y sin sobresaltos. Cada nueva experiencia que vivan nuestros hijos también la viviremos nosotros con todo lo que eso traiga. Así que a prepararnos para todas las etapas que aun les falta por vivir.

Bien decía mi madre que cuando nos casamos no es que se le fueron las preocupaciones, al contrario, le llevamos nuevas pequeñas preocupaciones. Jejejejeje pues así nos toca vivir a todas…

Sigue a Oris en sus redes sociales. ¡Te encantarán sus post!