Me estreno como colaboradora en Así Soy Mujer Magazine con un escrito simbólico y de fundamental importancia en mi Vida. Con el relato de mi experiencia y lo que ha significado para mí convertirme en Madre Primeriza “casi” a los 40.

por Ana Patricia Montenegro de Madrevivencias

El hecho de convertirme en madre es lo que me ha conducido hasta este instante en el que me encuentro escribiendo estas líneas.

Finalmente, plasmando y concretando uno de los grandes anhelos de mi vida: escribir. Y, además de escribir, colaborando en una revista en la que me han abierto gentilmente las puertas, haciendo realidad un sueño largamente deseado.

Gracias al nacimiento de mi hijo y a mi nuevo rol de mamá, estoy aquí compartiendo mis vivencias y reflexiones con ustedes. Esas son las maravillosas casualidades con las cuales la vida nos sorprende todos los días.

SOY UNA MAMÁ A LOS 40

El Inicio

Realmente, mi recorrido en el camino de la Maternidad inició “casi” a mis 40 años. Empecé mi embarazo a los 38 años. Tenía 39 años cuando mi hijo nació y cuando él cumplió sus 7 meses de edad, yo cumplí mis 40 años.

Los 40 años, son la edad que se ha convertido en un hito para casi todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres.

Por alguna razón, cumplir 40 años entraña un cierto detenerte en el camino. Un reflexionar sobre los 20 años anteriores de tu vida en los que has vivido tu etapa de adulto. Motivo por el cual quizá nos sentimos obligados a hacer ese alto en el camino para realizar una introspección, reflexionar, preguntarnos qué hemos hecho, hacia donde nos dirigimos, cómo nos sentimos hasta ahora con nuestras vidas, si somos felices, si nos hemos realizado personal y profesionalmente, si hemos cumplido con nuestros propósitos establecidos a priori, evaluar si necesitamos hacer cambios o ajustes y… seguir adelante.

Y resulta ser que en ese hito de la vida personal, yo alcancé otro indiscutible hito en la vida de toda mujer: convertirme en Madre.

Hoy en día, ser madre a los 40 años no es un evento tan inusual como lo hubiese sido probablemente hace 20 años.  Muchas mujeres posponen la maternidad para formarse académicamente, desarrollarse en el ámbito profesional, conocerse a sí mismas, experimentar la vida, lograr una estabilidad económica, etc. Y es cuando consideran que ya han cumplido con esas etapas, y sienten el deseo o consideran que ya están listas para ser madres es muy probable que se encuentren viviendo su década de los 30.

En mi caso, los eventos de mi vida siempre se han sucedido a un ritmo particular. No tan rápido como la sociedad dictamina o según lo socialmente establecido como la “norma” o el promedio, pero terminan ocurriendo y de la mejor manera posible (¡comprobado!).

Y así ha sido con todo: con mi tesis de grado de licenciatura, con mi matrimonio y, como no podía ser de otra manera, con la llegada de mi hijo.

Es una constante en mi Vida, y son esas constantes de la vida que son buenas identificar, reconocer y establecer una buena relación para poder colaborar en correspondencia con ellas a lo largo de tu experiencia vital.

En pocas palabras, en mi Vida no hubo apresuramientos excesivos… ¡hasta que me convertí en Madre!

Decidir el Momento

Hablando desde el punto de vista de una maternidad consciente, decidir el momento de querer ser madre puede ser motivado por diferentes e innumerables razones, según mujeres existan. Para mí, ese momento se presentó a mis 36 años de edad.

Después de plantearme en múltiples ocasiones las razones o motivos por los cuales deseaba tener un hijo, a los 36 años me sentí lista para asumir la responsabilidad de cuidar de una vida. Por supuesto, en este punto no sabes a lo que te vas a enfrentar hasta que lo experimentas, pero de eso va el tema, y por eso creo que realmente nunca estás 100% lista para ser madre.

No decidí que quería ser madre por una supuesta obligación social o porque es lo que se supone que debemos hacer. Decidí que quería ser Madre porque deseaba experimentar la Maternidad y ofrecer Amor a un Ser que estuviese bajo mi responsabilidad, cuidados y guía. Esos fueron mis motivos.

Expectativa vs. Realidad

A mis 36 años me enfrenté a la cruda realidad que quedar embarazada no me fue tan “fácil” como yo esperaba. Al contrario se convirtió en un tema que me eludía constantemente.

Cada mes que recibía la confirmación silenciosa de la naturaleza de que no se había concretado un embarazo, me entristecía.  Al principio, sentía una tristeza leve acompañada de un desconcertante asombro luego se convirtió en una tristeza profunda acompañada de desilusión.

La Incomprensión Social

El tiempo seguía pasando y aparte de enfrentar mi propia desilusión, me enfrenté a otro tema que terminé denominando “la incomprensión social”. Disfrazada de “buenas intenciones”.

Cuándo ya has pasado los 35 años y tienes una relación de pareja estable, pareciera ser que la pregunta obligada de la sociedad es “¿y tú, cuándo?”. Entiéndase por esta pregunta, ¿y tú… para cuándo un embarazo?

O escuchas frases del tipo “espero que el próximo año para el Día de la Madre ya seas mamá y pueda felicitarte”. Y están los otros que empiezan a ofrecerte “ayuda” (no solicitada, ya sea espiritual, de consejos, etc) para lograr ese embarazo que, por cierto, la mayoría asume que estás buscando porque tú no se lo has comentado a nadie y no tienes por qué hacerlo.

El resultado es que empiezas a esquivar las reuniones familiares y los compromisos sociales, solamente para evitar esas preguntas que no aceptas recibir y las cuales no tienes el deber de responder.

En fin, yo terminé denominando a este comportamiento que parece ser muy “natural” y “bienintencionado”, una “incomprensión social”, con ciertos tintes de desconsideración. Ah, y no digamos cuándo esas preguntas provienen de otras mujeres/madres, cuesta más entenderlo.

Soy partidaria de la regla de oro “trata a los demás como querrías que te tratarán a ti”, y desde el más absoluto respeto que siento por la vida de los demás, ni en el pasado ni en el presente y seguramente ni en el futuro creo que actuaría de esa forma con ninguna congénere.

Así que en este punto del camino, me enfrentaba a mi propia tristeza, desilusión personal y a la incomprensión social del entorno. Entonces, empecé a evaluar la posibilidad de hacer un cambio de planes o establecer un Plan B.

Cambio de Planes o Plan B

Cuando por diversas razones toqué fondo sobre este tema, que ya me estaba causando mucha incomodidad personal, me planteé la posibilidad de que no sería madre.

Empecé a aceptar tibiamente la idea de que quizá mi experiencia de vida radicaría en dedicarme a mí y a mi relación de pareja. A mejorar como ser humano y como mujer y a realizarme en todos aquellos aspectos del ser en los que podría realizarme: física, emocional y espiritualmente. Por ende, decidí evaluar otras opciones para mi Vida.

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Curiosamente, en ese momento, me encontré en una disyuntiva: optar por un programa de fitness (ejercicios + alimentación) o por un curso de escritura creativa (como ya les he dicho la escritura es mi gran pasión).

Opté por el plan de fitness, decidí que si mejoraba mi condición física (que no estaba tan mal, pero definitivamente no estaba en óptimas condiciones), podría entonces tener la energía, la vitalidad y la disposición para enfrentar las demás tareas y actividades que desease ejecutar, entre ellas, escribir.

Como soy una fiel creyente en hacer todo desde la comodidad de mi casa, me inscribí en un programa de fitness virtual. Con una coach que te asesoraba directa y constantemente, te proporcionaba un plan de ejercicios (con vídeos para realizar en casa) y un plan de alimentación en tres niveles diseñado por ella misma. Además, podía acceder a un grupo de apoyo compuesto por mujeres de todo el mundo con las cuales tenía la oportunidad de compartir inquietudes e intercambiar experiencias y consejos.

Entiendo ahora que esa fue la mejor decisión que pude haber tomado. A esa decisión le atribuyo una gran parte del logro de mi embarazo.

El resultado positivo

Siete meses después de iniciar mi programa fitness, resulté embarazada. Aparecía en la prueba de embarazo casera una tenue rayita que alimentó mi frágil esperanza de convertirme en Madre. No me permití emocionarme, lo confieso, lo tomé con calma y esperé a confirmar todo con los exámenes médicos antes de sentirme feliz, aunque con reservas.

Cuando resulté embarazada me encontraba en un excelente momento físico y emocional. Físicamente, me ejercitaba diariamente, 6 veces por semana, mi cuerpo había experimentado cambios notorios. Me alimentaba saludablemente, mi alimentación estaba compuesta mayoritariamente por frutas, vegetales, verduras y pescado, eliminé y/o reduje significativamente el azúcar, los lácteos y la cafeína.

Emocionalmente, había experimentado procesos de sanación muy profundos. En términos generales, me sentía estupendamente.

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Pienso que fue un trabajo en conjunto, yo hice mi parte, me dediqué a mejorarme a mí misma y la Vida recompensó mi esfuerzo otorgándome su manifestación más esplendorosa: otra Vida.

A mis casi 40 años vivencié un excelente embarazo, no experimenté náuseas, vómitos, ni hubo presión alta y no fue tratado como un embarazo de alto riesgo. Fue un embarazo sereno y tranquilo.

Como epílogo de ese sereno embarazo, para el nacimiento de mi hijo todas las circunstancias se alinearon y pude experimentar un parto natural, en casa, sin fármacos, donde pude recibir a mi hijo en la quietud e intimidad de mi hogar, acompañada de mi esposo y mis padres, y asistida por dos maravillosos médicos gineco-obstetras.

Esta nota continuará…

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Ana Patricia Montenegro

Es Madre de un Niño que pronto cumplirá 3 años. Inició su recorrido en el camino de la maternidad a sus 39 años y para ella convertirse en mami ha sido y es el "GRAN EVENTO de su vida", como ella lo enfatiza. A raíz del nacimiento de su hijo y de su decisión de quedarse en casa para dedicarse a su cuidado y crianza, surgió en ella el deseo de encontrar un espacio de expresión personal y decidió conjugar su nuevo rol de madre con la pasión por escribir que le ha acompañado toda su vida, creando, publicando y escribiendo en su blog Madrevivencias. Para ella es un reto diario vivir al máximo sus facetas como madre, ama de casa y profesional emprendedora. Ana, te compartirá todas sus experiencias como mami a los 40 años.

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