Son muchos los momentos y experiencias que me llenan de agradecimiento en mi vida. Y hoy deseo compartir uno de ellos contigo. Un momento tan íntimo, tan personal, tan emotivo y tan impactante en mi historia que generó un cambio inmenso en mi vida. Le dio a todo un nuevo sentido, un nuevo color y un nuevo sabor.

Dicen que sin momentos difíciles no existen personas fuertes. Que sin experiencias no hay aprendizaje. Y mi deseo de contarte esta experiencia, es principalmente para eso, para que tomes este aprendizaje que me marcó la vida. Me hizo la persona que soy ahora, la mejor versión posible de mi al día de hoy.

Todo inició cuando empecé a experimentar fuertes dolores en mi cuerpo, inflamaciones, entre otros síntomas que indicaban un quebranto de salud muy fuerte. Mi día a día en conjunto con los “grandes problemas” que pensé que enfrentaba me llevaron a ignorar todo malestar físico hasta que llegué a un punto que no podía más.

Un diagnostico inesperado me hizo reconocer una depresión muy fuerte. Ésta, la venía experimentando en un lapso de mi vida, más largo de lo que me siento cómoda en admitir. El mundo se me derrumbó en un momento en donde la inestabilidad imperaba entre mi relación de pareja, mi relación familiar y mi relación laboral.

Los cuestionamientos…

En ese momento me sentí tan sola, tan devastada, ¡hasta mi propio cuerpo me estaba atacando ¿Cómo llegue aquí? ¿Qué hice para llegar a esto? ¿Por qué a mí? Tantas preguntas surgieron y tantos estudios, tantos retiros espirituales, tantos conceptos religiosos y culturales que dejé en el olvido, que tiré a la basura sin pensarlo dos veces. Me dejé consumir por muchos días por esa misma depresión que me llevó a esta realidad. A este momento en que me encontraba, dudando con todo mi corazón, si valía la pena iniciar una batalla conmigo misma. No había otra opción, y ahí estaba yo sin fuerzas, enferma en los niveles más altos de los que nunca estuve, sin saber qué hacer. Dudando, dudando si valía la pena seguir en este mundo, ser parte de la vida de mis hijos, de mi pareja, desconociendo por completo la persona que veía frente al espejo. Nunca me sentí tan desnuda, tan sola…CÁNCER…¡WAO!, ¿Qué hago?

Una semana pase sin poder hablar al respecto, una semana sin reaccionar, llorando más que viviendo, sintiendo sin sentir, y viviendo sin vivir. Luego decidí compartir lo que me estaba sucediendo con mi pareja. Esperando que el pudiera decirme ¿Por qué? ¿Para qué? qué hacer, qué sentir. Y a pesar de no darme la respuesta que esperaba, me dio la respuesta que necesitaba. “La decisión depende enteramente de ti”.

Automáticamente, pienso ahora que mi sentido de auto preservación hizo que le diera ordenes específicas de sin importar que no compartir mi situación con nadie.

Me autodescubrí

Tenía una nueva y única tarea. Descubrir quién era esa persona que decidía qué hacer con mi vida. Verme al espejo y preguntarme quien soy pasó a ser mi mañana, mi tarde y mi noche. Un gran sentido de culpa invadió mi ser. Ese mismo día me botaron del trabajo: Estaba liberada, y la travesía de autodescubrimiento había iniciado.

Dolores, inflamaciones, ansiedad, invadían mi cuerpo, pero mi alma estaba decidida a descubrirme, a encontrarme a enamorarme y a despertarme ese entusiasmo por vivir, lo que hace ya muchos años había perdido.

Una serie de tratamientos físicos dieron inicio. Una serie de tratamientos para el alma. Me di la tarea de descubrir, solo permitir alegría, positivismo, luz, armonía, interacciones con la naturaleza, disfrutar el momento, apreciar la vida, nada más importaba. Mientras más reía, más descansaba, más consciente era de mí, decidida a transmitir esta energía a todas las áreas de mi vida y al unísono con mis tratamientos. Me evoque a la alimentación consciente, a desaparecer los químicos de mi entorno, a utilizar de las cosas más naturales posibles. Y poco a poco mi día fue cambiando, mis ojos ya no miraban igual, mi luz tenue empezó a brillar de nuevo. Una convicción y decisión diaria reinaba en cada célula de mi cuerpo. Mis deseos de vivir y mi agradecimiento en cada segundo de estarlo haciendo.

Luego de varios doctores, de distintas revisiones y las mismas conclusiones, decidí que daría lo mejor de mí para que mi mente, mi cuerpo y mi alma se sintonizaran, cantaran una misma canción de agradecimiento a la vida. Esto sin importar cuánto tiempo la tendría, igual ningún ser vivo conoce su tiempo de vida. ¿Qué diferencia hacia mi estado actual?

Me sentía renovada, agradecida, me amaba y amaba la vida…no recordaba ningún momento de mi vida en el pasado haber experimentado estas sensaciones de amor absoluto de armonía, me había encontrado, había llegado tan dentro de mí que por primera vez me vi. Al día siguiente empeoré, luego de muchos meses en silencio estaba lista para decirle a mi familia, y entonces hablé con mis padres, fue difícil para ellos aceptar por qué no supieron antes, pero para mí fue fácil de explicar y eso era lo que importaba.

Tomar decisiones precisas 

Como un roble decidido y con mis convicciones bien planteadas tome las decisiones de cambios de hábitos, de tratamientos y de permitir que recibir y que dejar pasar. Muchas personas deseaban tomar decisiones por mí, ahora que todo se sabía, muchos cuestionaban, me interrogaban o me compadecían. Que gran error del ser humano opinar y asumir conocimientos en las experiencias no vividas de otros. Pero yo estaba preparada para todo esto, lista para filtrar cada palabra, cada energía, cada interacción.

En pocos meses vencí una batalla librada conmigo misma, una batalla que surgió en mi vida para encontrarme, para reconocerme, para recordarme quien era, para suspirarme al oído la importancia de vivir, de apreciar, de agradecer y de ser. Una experiencia que me hizo resurgir de las cenizas, y ver desde el amor en dos direcciones hacia afuera, pero sobre todo hacia adentro.

A pesar de que cada cuerpo es distinto, me queda claro que sin importar las vías de sanación que uses para el tuyo, sea medicina convencional o alternativa o una mezcla de ambas, nunca dejes de sanar también tu alma y tu mente. Nuestro cuerpo es una herramienta increíble y cuando nos habla, debe ser escuchado y a pesar que te sientas desconectado tu cuerpo siempre reflejará las necesidades de tu alma.

Anónimo.

Este testimonio refleja que TODO en la vida puede ser superado. Lo importante es nuestra actitud. No importa qué tipo de enfermedad o padecimiento sea, LUCHA y LUCHA, las mujeres somos vencedoras y aguerridas y tú tienes estos dos poderes en tu corazón.

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