Antes que nada, tenemos que definir dos palabras claves. Una es constancia, la cual indica duración, estabilidad y solidez. Mientras que disciplina es un conjunto de normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado.

Por Yanina Maffla

Ninguna de estas virtudes eran parte de mi ADN desde 26 años. Tuve constancia y disciplina por 2 años en mi adolescencia cuando mis padres pagaron por mi tratamiento de ortodoncia y eso fue todo.

Recuerdo que de niña estuve en el conjunto típico del colegio y me salí, entré a la banda del colegio y me salí igualmente. Entraba y salía del gimnasio, intenté correr y a los meses lo deje, y así sucesivamente, dejar las cosas era parte de mi cultura.

Todo cambio cuando nacieron mis hijos a los 27. Al ver los resultados de mi “falta de constancia” y “disciplina” decidí enfocarme en estas virtudes para que esto sí fuera parte de su ADN.

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Si elegían practicar un deporte o tocar un instrumento musical no debían faltar a las prácticas a menos que fuera por salud. Simplemente no aplicaba la pereza o el mal humor. Nueve años después todo daba vueltas en torno a ellos, pero no me estoy quejando. Esta era mi vida y a mí me gustaba al verlos tener logros; aunque debo confesar que era, es y será agotador.

Y ahora ¿Cómo es mi constancia y disciplina?

Mi mejor amiga siempre me insistía “¿por qué no vas al gimnasio?”, “¿por qué no haces algo más que te guste?”. Mi prima y otra de mis buenas amigas también me decían: “Yana, ¿cómo haces?, ¿cuándo descansas?”.

Mi poco tiempo libre lo empleaba en ver televisión, algunas veces leía libros y otras hacía compras en línea. No sé, pero llegó ese día determinante en mi vida y fui egoísta, sí, egoísta porque pensé nada más en mí y hasta el día de hoy casi 1 año y 4 meses después no me arrepiento. Tomé una de las mejores decisiones e inicié este trayecto por salud física, mental y emocional.

Yo tenía miedo del gimnasio, pues mis condiciones eran deplorables aun cuando corría a veces en el parque durante las vacaciones de los niños.

Debo confesar que encontré en el camino unas 2 muy buenas entrenadoras que me sacaron poco a poco de ese área que debería ser prohibida entrar llamada “Miedo”.

Empecé por muy poco y fui incrementando en horas, pesos y repeticiones; luego fue una simple competencia conmigo misma. Muchas veces no tenía y no tengo el tiempo. De hecho si algunos de ustedes saben dónde lo venden yo soy compradora compulsiva, pero me decía a mí misma: “Ya tienes 36 años, si no es ahora, ¿cuándo?”.

Nunca es tarde…

Reduje mis asistencias a los juegos o prácticas de mis hijos, de 5 a 3. Yo sé que a ellos les gusta que yo los vea, pero no van a morir si les doy su espacio y ellos a mí. Y lo más importante, finalmente puedo enseñarles que para poder amar a otros primero hay que aprender a quererse a si mismo sin caer en canibalismo.

La televisión puede quedarse en pausa, pero mi vida no. El tiempo no regresa más, es lo único que tiene un precio que nadie nos puede pagar. No me he visto con un especialista en nutrición, pero trato de aprender cada día algo nuevo así que leo sobre alimentación y suplementación y formas limpias de alimentarse sin dejar de disfrutar los placeres del buen comer.

Noté día tras día los cambios, no solo en mi cuerpo también en mi mente cuando un día mi alarma sonó a las 5:30 a.m. y me paré como un resorte, sancoché mis clásicos 2 huevos, me bañé, me vestí, comí los huevos y 1 banana y luego manejé para mi entrenamiento un sábado. Igualmente, cuando dejo a mis hijos en la cama a las 8:45 p.m. o salgo a las 9:30 p.m. por lo menos hacer 1 hora de ejercicios.

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Mis hijos aprendían del ejemplo

Por fin puedo incluir en mi vocabulario las palabras constancia y disciplina por mí misma, para mí misma. Lo mejor de todo esto es que creo que más que recordarle a mis hijos que deben tener constancia y ser disciplinados, ellos lo están viendo.

Con esto no digo que no tengo días que simplemente no puedo más o que ellos serán los seres humanos más disciplinados del mundo, no, para nada. Soy humana y ellos también.

Esto apenas está empezando, todavía hay mucho camino que recorrer, pero quiero agradecer a mi mejor amiga por la insistencia, a los que de alguna manera no tan positiva me llevaron a este cambio, a los que me han escrito para decirme “Te admiro” o los que me han detenido para decirme algún cumplido como “¿qué haces para estar tonificada?”. A todos, debo decirles que como dice la canción “noblemente me suben a su estatura”, porque no hago más nada que trabajar en lo que ahora me gusta.

No digo que la felicidad está en el gimnasio o en los ejercicios y aun cuando no considero que practico la filantropía si quisiera recordarles a las mamás, sobre todo a ellas, que los hijos alzan vuelo queramos o no. Que aún tenemos un número de cédula vigente hasta el día de nuestra muerte, que nunca es tarde para empezar, pero si no empezamos se nos hace tarde.

¡Anímate!

Con mucho cariño les escribe la mamá de 2 niños, uno de 10 y otro de 9 con quienes peleo a diario, a quienes castigo y regaño. Quien tiene como 8 grupos de whatsapp sólo para sus agendas apretadas, la que despierta a las 5:10 a.m. de lunes a viernes, hace desayuno, les pide que se bañen, que se vistan muchas veces a gritos. La que los lleva todas las mañanas a la escuela y regresa corriendo a servir cena y revisar cada uno de sus cuadernos. La que tiene marcas de estrías en su cuerpo y celulitis. Que una semana al mes llora porque está hormonal y le escribe a sus amigas porque necesita un 911.

Un beso,

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