Sin duda la infancia es una inigualable e inolvidable etapa de nuestras vidas. Levantarte por la mañanas y acostarte sin muchas preoc

upaciones. ¿Te recuerdas?. Los problemas más grandes eran si tus primos o amigos dejaban de hablarte o no querían jugar contigo. Eso tardaba 5 segundos en resolverse, por la inocencia y pureza de corazón que tenemos en la infancia.

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Por Khris Guerra 

Algunos pasan la etapa toda la vida en un mismo lugar, otros como en mi caso por diferentes motivos nos toca vivirla en varios lugares.

A continuación te compartiré 10 cosas que recuerdo…

A ver con cuál de estas te identificas:

  1. Jugar bajo la lluvia

¿Quién dijo asma? ¿Quién dijo resfriado? Nada de eso evitaba jugar bajo la lluvia y quedar con lodo hasta en las orejas. Y luego, escuchar a Maringui (así le digo a mi mamá de cariño) decirme que ella no iba a lavar esa ropa revolcada.

  1. Temporadas de deportes

Unos meses era la fiebre del beisbol, luego fútbol, seguido del  voleibol y así todo el año y debía destacarme en todos para que no me escogieran de última cuando picaban.

  1. Juegos de niñas

Mi mejor amiga y yo salíamos de la escuela y pedíamos permiso para quedarnos una en casa de la otra. Así, después de comer, y claro fregar, jugábamos a las oficinistas, con los frascos de cremas y talcos como teléfonos y peleando por ser la  jefa.

  1. Conseguir frutas

Crecer en el interior, especialmente en San Andrés  tiene sus ventajas. Hay frutas todo el año según temporada. Iba a buscar en el patio nuestro, el  de los vecinos y algunos que eran bien común sin que el dueño supiera.

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  1. Correr en gancho

Cuando estaba en Bocas del Toro provincia donde se cultiva el banano no podía dejar de correr gancho. Esa es la graduación como buen Bocatoreño, que no era más que aventarte por los cables donde transportan el banano. En un gancho de polea y tabla estratégicamente armados, más de uno quedó con una brecha en la cabeza pero son consideradas heridas de guerra.

  1. Las idas al río

De niños podemos estar metidos en el agua durante largas horas, hasta que se nos pongan los dedos de viejitos. Y ni hambre daba para no reposar, por el tema de la indigestión. Yo aprendí a nadar por Carlos un hombre chiquillero que dedicaba su tiempo a enseñarnos muchas cosas a los niños y jóvenes. Al llegar al río amarraba una soga de ambos extremos del charco cuando uno se descuidaba la quitaba y tenías que dejar tus temores para regresar a la orilla ya con hambre y cansado pero el método era efectivo.

  1. Los hermanos

Son en la mayoría de los casos con quienes tenemos la relación más larga de la vida, entre peleas, gritos y muchas horas  de juegos los amamos con todo el corazón la mayor parte del tiempo claro. Les cuento que yo vivía frente a la escuela un día en el acto cívico me tocaba izar la bandera pero tenía refriado. Y tosí todo estaba en silencio cuando solo se escuchó la voz de mi hermanito de 4 años gritarme desde la cerca “chiquilla gargajosa”  pueden imaginar mi vergüenza.

  1. Juegos varios

A falta de videos juegos, computadores, tabletas y demás dispositivos tecnológicos era experta en liga china, mirin mirin mirón, la queda, el escondite, pez congelado y muchos otros juegos.

  1. Trepar arboles

Me fascinaba, era como una mona, una tarde de lluvia ya conociéndome “Maringui” me dijo que no me subiera a ningún árbol ya que estaban resbalosos por la lluvia y me podía caer. Ahora la entiendo, ya que ella quedó sin poder caminar un año por caerse de un árbol de guayaba y no le hice caso. Ella llegó muy tranquila me pidió que le pasara una fruta y cuando lo hice me agarro de la mano me dio una vuelta indescriptible que ni los de la WWE y una vez en el piso ya se imaginan que me pasó.

  1. El rejo

En mi caso era un espíritu libre, recibía correa todos los días de Dios. Ya eso no se ve mucho hoy en día, ya que los padres utilizan otros métodos alternativos. En mis tiempos el rejo era psicólogo, doctor, maestro y de todo. Una vez le dije a Maringui que si me pegaba la iba a denunciar  y no había terminado de hablar cuando ya llevaba 4 cinchazos en las pompis y me respondió que fuera y le ensañara las pruebas, jamás se me ocurrió utilizar esa muy pero muy mala estrategia de manipulación.

Fueron años maravillosos y puedo escribir cientos de anécdotas más, son momentos que no vuelven pero que llevamos en nuestros corazones toda la vida.

Y tú ¿Qué recuerdas de tu juventud?

Compártenos tus anécdotas, nos encantaría conocerla.

 

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Khristel Guerra

Nacida en la maravillosa provincia de Bocas del toro y criada en un hermoso pueblo llamado San Andrés en Chiriquí. Es la mayor de 6 hermanos. Desde muy pequeña inició su pasión por la lectura y la escritura, en especial las enfocadas en experiencias de vida reales.
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