Horror, descubrí que hay un monstruo en mi casa. Y ¿sabes qué? Tal vez en la tuya también. Déjame explicarte. Solo imagínate esta escena:

Son las 4 de la tarde. La madre, emprendedora que trabaja desde casa, acaba de llegar del supermercado. Después de acomodar los paquetes en la cocina, se sienta en la computadora a terminar un trabajo que dejó a medio hacer antes de salir.

Su hijo, de 16 años, había llegado del colegio y está en su habitación, sentado en su cama con la laptop en las piernas, supuestamente, haciendo deberes.

La mamá, ya después de un rato, se levanta, camina hasta la habitación del hijo y le dice:

  • Hijo, anda a fregar los platos por favor que tengo que hacer la cena.

  • Okdice el hijo

La madre, tranquila, aunque un poco urgida, regresa a su escritorio a seguir trabajando.

Luego de una hora, durante la cual no registra actividad alguna de parte de su hijo, regresa al cuarto y dice:

  • Hijo, anda a fregar eso ya, que te dije que tengo que cocinar la cena.

  • Ok, ya voy – dice el hijo

Mamá vuelve a su puesto, ahora un poco menos tranquila, pero hace un esfuerzo por concentrarse.

Esta vez solo pasan 15 minutos cuando siente que le va subiendo un calor desde el pecho que le recorre el cuello hasta la cabeza.

Se va poniendo de todos los colores; no se puede concentrar. Siente que le va a dar un «yeyo». Se empieza a transformar. Se agita toda y cual volcán en erupción grita a todo pulmón.

  • LEVANTATE DE UNA BUENA VEZ A FREGAR LOS BENDITOS PLATOS BLA, BLA, BLA, BLA !!

¿Ya viste el monstruo?. Ahí salió.

Entonces, y solo entonces, el chico reacciona y cual que cual babosa de jardín (lento pero seguro) procede a fregar los…… ¡benditos platos!

Bueno, esta no es una película de terror de Stephen King, es el casi diario vivir de la madre de un adolescente. ¿Te suena familiar? 

Es increíble como hay que rogarles para que hagan las cosas de la casa. Lo peor es que solo se dignan en moverse después que se ha liberado a la bestia. Ese monstruo que toda madre odia, pero que lleva dentro. 

Y no, no me digas que es que desde chiquitos no se les enseñó a hacer deberes. Ese no fue el caso aquí. Yo una vez tuve un feliz niño, siempre contento y dispuesto a ayudar a mami; no donde se fue. Si lo ves, me lo saludas.

La realidad es que los deberes del hogar son importantes para que los chicos aprendan a ser responsables. De hecho, incentivan la autoestima y la independencia, y, sobre todo, les ayuda a entender la importancia de la cooperación.

Son habilidades imprescindibles para la vida adulta. Lamentablemente es una pelea constante que las realicen cuando son adolescentes.

¿Cómo incentivar a los chicos a ayudar en el hogar?

(o por lo menos, no morir en el intento).

  • La actitud hacia los quehaceres: es muy común, desde que están pequeños, que los deberes del hogar se vean como un castigo. Pues no; ellos deben aprender que el hogar es de todos y que todos deben colaborar a cuidarlo. Si todavía de adolescentes no lo quieren entender, negocia. Ellos quieren algo, pues que lo ganen trabajando. Al final, eso es lo que tendrán que hacer cuando adultos.
  • Involucrarlos desde temprano: mi madre era una de las que decía “los niños en la cocina, ¡NO!”. Yo nunca no estuve de acuerdo, y permití e incentivé, con cuidado y siempre vigilante, que mis hijos se encargaran de algunas cosas de acuerdo a su edad, como lavar los platos (de plástico), batir los huevos y guardar los víveres, entre otras tareas.
  • No hacer diferencias: tanto niños como niñas deben ayudar por igual. Todo hombre debe aprender tanto como una niña a planchar su camisa, a lavar y colgar su ropa, por ejemplo.
  • Dar el ejemplo: tanto papá como mamá deber dar el ejemplo en casa en cuanto a ayuda mutua y de buena gana. Si los niños ven que la mamá es la que se encarga de todo, se van a acostumbrar a que ese es el modelo a seguir. No solo afecta su consideración futura respecto a la discriminación entre hombre y mujeres, pero también les manda un mensaje de “si él no lo hace, porque lo tengo que hacer yo”.
  • La cooperación común: una cosa es que hagan SU cama, arreglen SU maleta, limpien SUS zapatos, laven SU plato, y otra muy distinta es que lo hagan por demás, por el bien común. Que colaboren en las tareas del hogar que benefician, no solo a ellos directamente, sino a otras personas, es de suma importancia para lograr un ejemplo positivo de cómo vivir en comunidad.

No puedo asegurarte que con estos consejos tus hijos crezcan y les «guste» fregar los platos.

No puedo decir que nunca más saldrá ese monstruo horroroso y decrépito que hay dentro de mí.

Lo que si te puedo decir es el profundo orgullo y emoción que sentí la primera vez que vi a mi hijo mayor abrirle la puerta a una señora mayor. El día que lo vi dejar pasar a alguien más antes que el en la fila del supermercado. O el día que estábamos en el almacén y recogió un artículo que se le había caído a una muchacha.

Eso me dice que algo le va a quedar para el futuro, y le dice a mi monstruo interno: «no te preocupes tanto por los platos«.