Cuando pensamos en estudiar y trabajar a la vez se nos vienen dudas y temores. Seguramente lo primero que se nos viene a la mente es que tendremos poco tiempo para dedicarle a los niños y la familia. No podremos salir con nuestros amigos, adiós al placer de dormir las horas que requiere nuestro cuerpo, en fin… ¡No tendremos vida propia!

Por Franchesca Roselie

La realidad es que cada día un mayor número de mujeres se suma a esta lista, (para algunos incomprensible) de hacer ambas cosas.

Ahora bien, me gustaría que nos remontáramos algunas décadas atrás, cuando se tenía la idea de que la mujer era únicamente para el hogar y criar los hijos.  En aquel entonces, el trabajo era una obligación primordialmente de la figura masculina.

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Era casi irreal pensar que en algún momento tendríamos estas oportunidades. Hoy en día podemos ver la importancia que tiene para muchas de nosotras estar académicamente preparadas y profesionalmente realizadas. Incluso los estudios y estadísticas demuestran que en los recintos educativos el mayor porcentaje de la población es femenino.

¿Cómo lograrlo sin morir en el intento?

Personalmente tomé la decisión de trabajar en cuanto salí del colegio y de ese modo costear mis estudios superiores. La verdad no fue nada sencillo, recuerdo que los primeros meses fue algo extenuante, ya que trabajaba desde muy temprano y al salir tenía que literalmente correr para llegar a mis clases a tiempo. Llegaba tarde a casa y eran muy pocas horas que tenía para dormir.

Después de algunos meses me di cuenta que estaba exigiéndome física y mentalmente demasiado. Consideré las opciones que  había estado ignorando (básicamente por mi poca experiencia), y pude encontrar un balance para que mis estudios y mi trabajo no afectaran negativamente mi vida personal.

Voy a compartir contigo algunas claves que me ayudaron a poder no sólo llevar a cabo sino también disfrutar de estos roles.

CONOCE TUS OPCIONES

Desde el principio estaba segura de la carrera que quería estudiar. Por ello escogí una de las universidades que me presentó la “mejor” oferta académica, sin embargo este puede ser un error. Hay un sinfín de opciones que existen no sólo de universidades sino también de carreras disponibles. Busca e infórmate de todo, ventajas, desventajas, precios, horarios, plan académico, sucursales, en fin… ¡Haz bien la tarea!

DESAFÍA TUS LÍMITES

Como les comente antes de empezar a estudiar ya estaba trabajando, sin embargo la distancia que existía entre mi trabajo y la universidad era aproximadamente de dos horas (como mínimo). Por ello llegó un momento en el que tuve que replantearme si cambiar de trabajo o de universidad. Esta no fue una decisión sencilla, pero era la más acertada. Te recomiendo que la distancia entre el trabajo, la universidad, y tu casa sea lo más estrecha posible.  Así reduces tiempo y puedes llegar a ser más productivo.

ORGANIZA TU TIEMPO

En mi caso aprendí a establecerme días para llevar a cabo todas las labores, y es que trabajar y estudiar no significa que dejamos de ser amas de casa, esposas ni madres. Ten siempre una agenda (tu mejor aliada), al tener tantas responsabilidades puede que alguna que otra vez se nos olvide algo. Anota todo lo que consideres importante a realizar, hazte un calendario de quehaceres del hogar y pégalo en la refrigeradora (eso no falla). Tus tareas de la universidad anótalas en el planeador del celular para tenerlas presente por lo menos un día antes de la entrega (hazlas en las horas que estaba mayormente activa). Créeme llevar una organización como esta te regalará mucho tiempo libre). Dedica tiempo a tu familia (esos momento son irreemplazables e incomparables). Y lo más importante dedica por lo menos unas horas de la semana a consentirte y descansar, eso te llenará de energías y motivación.

SÉ REALISTA

Trabajar y estudiar a la vez no es imposible, pero requiere determinación. Hubo muchas ocasiones en las que quise “tirar la toalla”, inclusive me preguntaba si realmente era necesario el esfuerzo. Cada que me sentía desalentada visualizaba la  meta. Fue necesario darme algunas palmaditas en la espalda, felicitarme y reenfocarme en conseguir mis objetivos, para no desmayar. Y sin importar que tan tarde o temprano lo logres sigue adelante por cumplir tus sueños.                                                                                     

 

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