Alguien me dijo hace poco “para ser escritora, dices muy poco”.  Exacto, en las letras encuentro la forma de liberarme, de decir aquello que no sé cómo expresar por medio de mis cuerdas vocales. Esta vez quiero llegar a esas mujeres que han recibido violencia física y/o psicológicamente.

Yanina Maffla de Ni Brujas Ni Reinas

Este año se cumplen 16 años desde que me liberé físicamente de Enrique.  Todos empezó como una relación normal, él era complaciente y algo jocoso.  Yo no creo que lo amaba, pero él me hacía sentir bien y claro que lo quería.  Yo tenía visión de futuro, estudiaba y eventualmente lo empuje a estudiar a nivel universitario también.

Era una relación que parecía ordinaria, lo que puedo recordar ahora, es que no teníamos tantas peleas.  Él empezó la universidad y a trabajar, pero sus ganas de superarse no eran más fuertes que sus ganas de fiesta, tal vez los amigos y su fuerza de voluntad no eran una buena combinación.  Así era, yo estudiada y él salía.

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Todo comenzó así…

Cuando me conoció, yo tenía un grupo amplio de amigos varones. La verdad mis amigas son contadas con los dedos de una manos y en promedio tenemos como 15 años de ser “hermanas”.  Me encantaba y me encanta salir y divertirme.  Cuando incié esta relación, no esperaba que este modus operandi cambiara. Pero algo pasaba en su mente, algo que hoy, después de psicólogos, madurar y conocer a mucha gente puedo entender que se trataba de inseguridad acompañada de celos enfermizos. Esos celos tan fuertes que  hasta la forma como me sentaba era un tema de discusión, si le hablaba mucho o poco a mis amigos, si salía sola o con amigas. En ese punto según Enrique, todos éramos culpables de algo y todos mis amigos querían tener algo conmigo.

Las cosas se fueron poniendo un poco complicadas

Una noche, en una salida con mi grupo de amigos, Enrique había bebido un poco de más y arrancaron los celos y la reclamadera.  Yo opté por irme del lugar cuando sentí una tensión en el bolsillo trasero de mi pantalón y el mismo se rompió.  Mis ojos quedaron como platos llanos y tomé un taxi, llegué a mi casa; él estaba afuera arrastrándose y llorando literalmente.  Yo no sabía como actuar y me dije: “fueron los tragos”.

Poco a poco, sin darme cuenta, la semilla del maltrato psicológico había sido sembrada y había comenzado a germinar. Se había metido en mi mente diciéndome cosas que laceraban mi autoestima y decidí dejar de salir con mis amigos y me limité a ir a la universidad, oficina y los eventos de mi familia.  Yo empecé a rechazarlo, porque en el fondo me sentía presa. Él sabía que me estaba perdiendo y siguió con más presión psicológica.  Lo sé, a esta altura de este artículo  muchos deben estar diciendo “¿por qué no lo dejabas?”. La respuesta,  es tan fácil decirlo, mas no hacerlo.  Cuando creas dependencia emocional con un manipulador, el daño  invisible es más duro de manejar que la violencia  física; el miedo paraliza.

Pasaron 2 años de celos enfermizos y al igual que Rapunzel veía la vida desde mi torre.  Llegó ese día, 26 de octubre de 2001 cuando era el cumpleaños #22 de Alí, mi mejor amiga del colegio. Yo sólo me cuestionaba si debía ir o no a la celebración en una discoteca de la localidad.  Me detuve a analizarlo con Eugenia, una de mis amigas de la oficina, pues sabía que estaría mi grupo de amigos de arranques. Y obviamente la respuesta era “ve”.

“Crónicas de una muerte anunciada”

Llegué y era el centro de atención, ellos tenían un año y medio de no verme, teníamos muchos cuentos, mucha diversión en pausa.  Pasadas las horas la noche se puso hostil para mí ya que el alcohol empezó a ganar terreno en Enrique y los reclamos y celos no demoraron en llegar.

Yo estaba abrumada y esta vez salí y corrí a mi libertad.  Cuenta la historia que él salió detrás de mí; yo no había bebido, pero mi sangre estaba burbujeante, eso lo recuerdo, y cuando iba por los estacionamientos sólo sentí la tensión en mi brazo derecho y ya estaba encima de mí – me había mordido el pómulo derecho -.  Foto de archivoJuro que no sentí dolor o no lo recuerdo, sólo vi la sangre correr por mi ropa.  Alguien nos había seguido, creo, porque lo que recuerdo es que yo gritaba y alguien lo agarró.  Acto seguido un amigo me tenía en su carro y manejaba como un loco a urgencias mientras yo lloraba.

Una decisión

Recuerdo a mis amigos en urgencias, las mujeres lloraban, mi hermana lloraba y luego mis padres lloraban; pero yo me había liberado de él físicamente, porque él había hecho más daño que una mordida. Él había herido mi autoestima, mi confianza y había quedado seguramente en mí para siempre.

Un cirujano plástico me operó esa noche, dos días después y 3 años luego.  Pero no conforme con esto, a pesar de que sus padres fueron a mi casa y que yo lo dejé en libertad,  Enrique me siguió hostigando por unos 12 meses por lo menos.

Él siguió vigilándome, llamándome, sembrando miedo hasta que por fin me decidí en poner una boleta en la corregiduría en donde nos vimos otra vez y a donde llegué con las fotos de aquella noche que me dio el cirujano plástico; quien estoy segura de que había visto casos y cosas, pero aún recuerdo su rostro y era entre dolor y espanto; yo tenía 22 años recién cumplidos.

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Foto de archivo

Cuando te armas de valor y firmeza

Tenía miedo y lo vuelvo a escribir aquí para que aquellos que no entienden por qué es tan difícil avanzar y para que las víctimas sepan que ese mismo miedo puede causar la muerte.  Hoy día no le tengo miedo a Enrique, aún hay cosas que me acechan porque fue una experiencia profunda.

Les digo a las que se han visto o se ven en mi posición que no hay nada que no podamos hacer solas. Para estar con alguien primero debemos amarnos a nosotras mismas y aprender a estar cómodas solas.  Esto es lo único que puede salvarnos de la violencia psicológica y a entender que debemos alejarnos de esa relación tóxica.

Hoy cuento mi historia porque yo sé que hay muchas como yo ahí afuera. Y les digo que no hay forma de que alguien que realmente te ame, te minimice.  El que te ama, te quiere a pesar de que no pueda estar contigo. Su amor es tal que ama verte volar.Foto de archivo

“Es importante recordar que todos tenemos magia dentro de nosotros.”J.K. Rowling.

Un beso,

Yanina M. Maffla Henríquez

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