Soy el colegial de mis hijos desde hace 6 años por elección propia.  Así nos levantamos un poco más tarde y me aseguro de que desayunen. La mayoría de las veces, leemos un pasaje de la Biblia en el camino, cuando no peleamos claro, porque nada es perfecto.

Yanina M. Maffla Henríquez

Una mañana como cualquiera mi hijo mayor extrañamente se bajó primero, cuando quedamos solos mi hijo menor de 9 años y yo me dijo: “Mami da la vuelta, me siento inseguro…”  Lo vi a los ojos y claro manejé al espacio más cercano y estacioné.  Luego me dijo: “Los niños se van a burlar de mí porque me dicen que soy calvo, mono y enano”.  Sólo la noche anterior me había pedido que no le cortara el cabello, se puso muy molesto conmigo y hasta lloró.  Claro para mí ver a un hombre sin cabello o pelado bien bajito es normal y agradable a la vista, ya saben eso de verse limpios y aseados.  Pero los compañeros de mi hijo no tienen el mismo concepto.

Además en este país tan retrógrada enviar a un niño al colegio con el corte de nuestro héroe Román Torres o con un poco de cabello de más es merecedor de una amonestación como si no existieran cosas peores, por ejemplo  como que los niños le hagan bullying.

Fuera de todo lo que mi hijo me decía, mi mente se transportó a mis años de colegio.  Era como si estuviera teniendo un dejavú en donde los niños se burlaban de mí porque seguro pesaba mojada como 40lbs., no había de donde agarrarse.  No había senos, nalgas, nada.  Como diría mi madre “de frente filo y de filo nada”.  Para mí fue súper difícil ese paso por los años escolares, no fue exactamente una visita a Disney, pues como seres humanos podemos llegar a ser “bien crueles”.   Yo opté por vestirme con una armadura, me mostraba fría cuando de fría no tengo nada. Ahora sé que lo de afuera es lo que menos pesa, lo que llevamos dentro es lo que nos hace realmente valiosos y ahí regresé para responderle a mi hijo, cargada del conocimiento que tiene alguien que ya pasó por ahí.  Los años te hacen entender que esos niños y adultos que son crueles tienen más inseguridades que el que recibe la burla y la única forma de empoderarse es opacar a los demás.

Este niño de 9 años que por mi suerte resultó ser mi hijo es inteligente, deportista, creativo, negociante, risueño, amoroso, de gran corazón.  Él realmente cree que todo el mundo es bueno.  Y como le dije “Aquí el problema no es lo que ellos te digan, al final, es lo que tú crees de ti”, el problema está en que nos dejemos convencer de que esto que dicen de nosotros es cierto y aún peor que esto nos hace menos o malos.

Lo que aprendí…

Lo más importante que quiero rescatar de todo esto es que mi hijo de 9 años encontró la fuerza y la confianza de decirme a mí, a su madre, el ser humano que más lo ama y amará toda la vida qué le aquejaba, el valor que tiene para mí que él se abra conmigo y que me cuente a tiempo que le molesta, es oro.  Desde ahí partí para darle confianza, no desmeritando a los/las que lo molestan, sino desde sus fortalezas que son muchas.   Como dije antes yo ya pasé por ahí y sé que la única forma de romper el ciclo del bullying es contrarrestarlo desde los valores y la empatía.

No me queda más que decirle a mi hijo en cuestión citando un pedazo de la canción “F**cking Perfect” de P!nk:

“Bonito, Bonito por favor, si tú alguna, alguna vez te sientes como si fueras nada. Tú eres #!&%$% perfecto para mi…”

Dedicado a mi hijo Esteban José.

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