‘¿Cómo lo ha hecho? ¿De verdad han pasado solo 7 horas? ¿No nos habrán engañado sobre la fecha del nacimiento?’. Las preguntas alrededor de la impresionante recuperación de Kate Middleton tras haber tenido a su tercer hijo todavía colean. Desde luego que es sorprendente, no cabe ninguna duda.

Pero no se trata de magia ni de intervención divina. Es una combinación de ciertos factores y entre ellos están sus obligaciones como miembro de una Familia Real. Sin embargo, le han llovido las críticas por esta primera aparición tras haber dado a luz porque ‘genera aún más presión’ para otras mujeres que acaban de ser madres. Pero ¿están siendo justos con ella todos los que la juzgan por ello?

Para empezar, su buen estado no es algo sobre lo que ella misma pueda decidir al 100%. Al fin y al cabo, la naturaleza podría haberle proporcionado un físico que se recupera muy rápidamente tras el parto.

La maquilladora, la estilista y la peluquera son la guinda que necesita para que su imagen sea impecable en una situación en la cual la mayoría de las mujeres están agotadas, extenuadas y algunas hasta enfermas. Sin embargo, el motivo por el cual Kate da esta imagen de perfección tras cada uno de sus partos no es convertirse en un modelo para otras madres recientes.

De hecho, ninguna mujer debería fijarse en ella, en su recuperación ni en el glam team que la acompañó en el hospital para intentar emular su posado. Y es que Kate Middleton no es un ejemplo a seguir sino la representante de una Familia Real. Aparecer cansada y demacrada tras el parto -aunque lo estuviera realmente, que no lo parece por esto que decíamos de su herencia genética- sería una muestra de debilidad no tanto suya como de una Casa Real entera, a la cual ella también representa. ¿Que esto es una concepción muy arcaica? No lo dudamos, pero así funcionan las cosas chez Windsor.

Por su profesión Kate Middleton vive permanentemente expuesta al escrutinio público, aunque su exposición se duplica por el hecho de ser mujer. Sí, porque los looks del Príncipe Guillermo no son analizados al milímetro mientras que los de su mujer son analizados casi con microscopio. Cuando se trata de embarazo y maternidad ese juicio público se multiplica hasta el infinito. No podemos evitar recordar el caso de esa modelo que fue criticada por su pequeña panza de embarazada. Una vez más, la condición femenina se convierte en objeto de las críticas más descarnadas.

Lo ‘poco real’ del buen estado de Kate (como también llamaron a la barriga de aquella modelo) es la razón que se expone para juzgarla. Sin tener en cuenta que hay muchas realidades, tantas como mujeres. Ashley Graham está harta que la llamen «mujer real» o se cansa de decir que TODAS somos reales. Del mismo modo hay embarazos y partos buenos, malos, buenísimos, atroces y regulares y todos ellos son de verdad.

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