Los dos últimos años han sido complicados. He llorado, me he sentido la peor mamá del mundo, he dudado de mi como persona, como pareja, he odiado, me he odiado y así puedo seguir nombrando un sin número de cosas.  No es que estos sean mis dos primeros años así, no para nada, he tenido otros buenos y otros parecidos; pero estos definitivamente han sido diferentes.

Por Yanina M. Maffla Henríquez

Pero esta vez a diferencia de los otros años he prestado atención a las personas que he conocido en este caminar. Me he abierto a escucharlas, no a oírlas.  Han cuestionado mi comportamiento, han cuestionado mi hermetismo.  Quejas de esposos como “antes teníamos sexo todos los días”, “mi esposa está loca, grita, peleamos…”, “estoy cansada, me siento a ver lo de la escuela, salgo a trabajar, hago el súper, etc. y todavía tengo que cumplirle a este en la noche”.

Esposas que dejan de hacer las cosas que les gusta y ponen en pausa, a veces eterna, a sus sueños.  No es que ser mamá no sea un sueño para algunas, no, pero todas no vemos por el mismo cristal y eso no es malo.  Otros dicen, “yo me quedo aquí por mis hijos”, pero con vidas separadas o bien con vida familiar juntas y al dormir somos entidades diferentes.

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También me han dicho, “yo no creo ya en el amor, ni me voy a enamorar más”.  Otros en desesperación cual ladrón viendo quién está mal puesto para robarse el mandado y así llenar sus necesidades fisiológicas, psicológicas o quién sabe.  Unos más diciendo “no tengo ganas de nada, ni deseos de mucho” o los que han trabajado arduamente y pueden decir “mi pareja y yo nos ayudamos, somos un equipo”, “lo más importante es la pareja, el que es buen padre es buen padre”.

Escúchate a ti misma…

Mi familia y amigos, que con el tiempo se vuelven familia, me han hablado bajito, pero también alto.  Me han recordado lo que irradio y que la vida, no puede estar sólo basada en auto destrucción, que debía recoger mis pedazos.  No de una sola vez, que todo toma tiempo.  Unas veces más tiempo que otros, pero que esos pedazos te van a convertir en una mejor persona si ves lo que te quiere decir la vida.

Pero creo que lo más importante de haberme detenido a escuchar es que me he detenido a escucharme a mí, qué dice mi cuerpo, mi mente.  A verme en el espejo sin tanta autocrítica, a autoanalizarme y dejar en pausa esos defectos y ver mis virtudes.  A evaluar lo que veo, escucho y lo que he vivido hasta hoy.

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A diferencia de los demás años, creo que en estos dos años he crecido.  Asumo que es un tema de madurez, no tiene nada que ver con la edad.  He leído más libros de auto ayuda, que novelas en la escuela, y asistido a terapia.  Tomé decisiones para mejorar, no porque me lo decían, no, sino porque hice un alto en el camino y traté de ver qué estaba pasando.  He pasado más tiempo conmigo y estoy aprendiendo a conocerme.  Aceptar mis debilidades, a enamorarme de mí.  Esto último no tiene nada que ver con ser gorda, flaca, tener arrugas o canas.  Tampoco me refiero a narcisismo o un amor ególatra.  Porque gente, enamorarme de mí me ha costado más que enamorarme de otros y adicionalmente lo veía como egoísmo.

Este coloquio es pasar más tiempo sola conmigo, sentirme completa sin nadie más. Ir al cine sola y no estar pendiente si el o los que sentaron a mi lado dicen: “¡Esta man está aquí sola!” O llegar a un entrenamiento o un restaurante y decirle con una sonrisa al mesero “sí, sólo soy yo” y no sentir un vacío enorme en el pecho.  Es igualmente de importante poder decir “no” o “no puedo, ya tengo planes” y no tirar todo a la borda esperando una llamada o un chat.

El tiempo hace que nuestras conductas cambien, gustos y hasta nuestra forma de pensar.  También es cierto que nadie cambia por nadie, pero ahora pienso, que uno puede revisarse y ver si hay temas que pueden mejorar en serio y que en las relaciones la culpa se comparte, no hay forma que todo se incline totalmente hacia un lado, o hacia el otra.

Y después de todo lo que he pasado en estos 38 años, creo que yo tengo un nivel de ingenuidad muy elevado, pero yo si estoy abierta a enamorarme, eso sí, no de cualquier amor.  Uno que yo me merezca, aun cuando en algún momento alguien me dijo “yo no salgo con chicas de mi edad o mayores porque empiezan con el “me lo merezco” y con esto no digo que deba ser perfecto, pero sí empático, que aterrice en la realidad. Y lo digo hasta por mi parte, yo también debo ser más empática y evaluar lo que tengo y lo que no.

Tienes aquí mismo a alguien IMPORTANTE a quien amar

Un amor con quien quiero estar y no deba estar, uno que si se va lo extrañe, pero no ocupe mi vida como si fuera una luna en cuarto menguante.  Un amor consciente en donde pueda decir “yo no quepo aquí “.

Todavía más importante, si no aparece no importa, porque en estos dos años encontré el amor más puro, el que empecé a sentir por mí.  Ahora estoy muy segura de que me quiero reír a carcajadas y con esto no digo que no vaya a tener problemas, pero tal vez ahora sabré qué son manejables, tolerables y cuáles no.  A relajarme, a dejar de ser tan rígida, a no fruncir el ceño cuando las cosas se salen de mi control y mejor subir un labio y decir “que pereza”, agarrar mi maleta del gimnasio e irme.

Aún miro atrás todos los errores que he cometido conmigo, con los que quiero y con aquellos a los que dejé de querer y me hace sentir mal.  Voy y me quedo guindada en el purgatorio, ni si quiera voy al infierno que estoy segura de que debe ser menos doloroso porque no estás penando.  He pedido perdón, he perdonado y estoy trabajando en perdonarme.

El amor es lo máximo y si te duele ¿qué pues?  Acaso no superaste a ese amor del colegio y hasta ahora son buenos conocidos o te ríes de las boberías que pasaron en aquel entonces. “Siempre es un buen día para enamorarse” de ti primero y luego de otro.

“Soledad es no poder estar contigo mismo” Maritere Lee

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