Cuando sabemos que una decisión nos va a traer mucho esfuerzo, a veces optamos por no realizarla y no nos atrevemos porque los miedos nos ganan. Por eso dejamos ir grandes oportunidades. El MIEDO nos detiene y congela en ocasiones.

Por Miriam Martínez

Así nos sucedió a mi esposo y a mi. Los dos teníamos trabajos fijos, buenos salarios. No obstante, los tiempos no son los mismos ellos van evolucionando, las cosas cambiaron, la economía empezó a verse afectada, comenzando por él.

Las cosas no iban bien, por mi parte yo seguía trabajando y no me atrevía a dejar la seguridad económica porque tenía muchas dudas. Las ideas: de que no me irá bien o cómo voy a pagar las deudas; son  nuestro propios obstáculos y es ahí donde todo se vuelve más complejo.

Me la pasaba pensado que no podía dejar el trabajo que llevaba años realizando. Sin embargo, seguía en la búsqueda de otras oportunidades. Cuando por fin pensaba que daría el salto no lo hacia por temor a perder mis años de antigüedad, la estabilidad laboral que te hace sentir segura «entre comillas».

Siempre recuerdo a mi profesor en la universidad que nos decía: «señores piensen en que ustedes son los jefes, siempre piénselo y no tengan miedo de hacerlo» y yo decía: «que fácil es decirlo es todo un profesional». Debo aceptar que esas palabras siempre quedaron en mi.

Recuerdo que en una ocasión mi pareja tuvo una situación de trabajo difícil y le comenté: «tu puedes ser tu jefe solo emprende yo te ayudaré». Pero sólo mi aporte era de un 50% no estaba del todo comprometida, porque decirle que emprendiera fue más fácil que hacerlo y vivir las consecuencias y esfuerzo de esa decisión.

Para emprender siempre se necesita de una persona que se arriesga y otra que lo impulsa

Así fue como comenzó mi pareja, primero con temor pero siguiendo sus instintos de buscar un mejor porvenir. No depender de un nadie y ser el su propio jefe fue su mayor motivación (cuando tienes experiencia en lo que haces es tu mejor arma de trabajo).

El tiempo transcurrió y pasaron 2 años, fue difícil ver levantar la empresa que el quería. Poco a poco se compró cada equipo de un capital semilla.

Se las vio muy duras al inicio y más difícil fueron mis palabras: “Amor, no te molestes pero el fruto de tu trabajo lo verás a partir de 2 a 3 años. Mientras tanto, solo se puede gastar en lo necesario”.

Son palabras duras, pero a veces necesarias. Con el tiempo, me confesó que le dolió tanta sinceridad.

No obstante, pasaron 2 años y medio y empezamos a ver el fruto del trabajo.

Por cosas de la vida yo deje de trabajar y empece al 100% a su lado a emprender en el negocio de los alquileres de equipos audiovisuales.

Y eso, es nuestro día a día. Cuando veo atrás, me pregunto cómo no fuimos capaz de hacerlo desde el inicio. Y aqui caigo en cuenta de nuevofueron nuestros temores los que no nos dejaron, factores como  la estabilidad laboral, entre otros.

Hoy en día le damos gracias a Dios porque tenemos 4 años en el mercado y más años de experiencia trabajando arduamente en este complejo mundo de los eventos. No, no es fácil, es un aprender diariamente del cual estamos agradecidos por atrevernos a tomar la decisión de emprender.

Como dice Oprah Winfrey:

Haz una cosa que tú crees que no puedes hacer. Falla, intenta de nuevo. Hazlo mejor la segunda vez. Las únicas personas que nunca se tambalean son aquellas que nunca se suben a lo más alto. Este es tu momento. Aprópiate de él”.

 

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