Cuando casi todas las parejas nos encontramos en pleno enomoramiento, al inicio de la relación, nuestro deseo de estar todo el tiempo con esa persona amada. Evidentemente, deseas involucrarlo en todas tus actividades familiares posibles, así se disfruta con la pareja y se disfruta con familia y amigos.

Por Oris Palacios – @cuarentidiva 

Aún así cuando se es muy joven lo que generalmente ocurre para fiestas de fin de año es que se pasa un rato en la cena familiar y luego a los respectivos «arranques» hasta el amanecer con los amigos.

Pero una vez que te casas, la vida cambia una barbaridad. Algo sucede que no se puede ni describir bien, tienes nuevas responsabilidades y gastos. Lo de la «arrancada» en ocasiones ya no te parece tan divertido, mucha gente sí sigue la fiesta pero muchas parejas deciden pasar más tranquilos “en familia”. ¡Aja! Pero la pregunta del milenio es… ¿cuál de las dos familias?? Algo que antes ni se contemplaba porque no le parabas bolas a ninguna de las dos (jejejeje)

En el caso mío con flamantisimo (así le digo de cariño a mi esposo, en todos mis escritos lo verás así) nuestra primera navidad casados fue casi a un año de nuestra boda. Un primer año en que todo forma parte de la experiencia de adaptarse y acostumbrarse a muchos cambios. Cuando el tema se tocó, en realidad quien primero lo mencionó fue mi madre y recuerdo que me dijo: “imagino que van a dividirse las fiestas para cada una de las familias, por favor te pido que conmigo sea el año nuevo”. Para mi madre esa fecha tiene un significado importante (nada particular) pero siempre he sabido que la marca emocionalmente.  Entonces, lo conversé con él y me dijo que no tenía ningún inconveniente. En ese caso las navidades serían para mis suegros y mis cuñados que para ese entonces eran adolescentes porque flamantísimo es el mayor.

Jamás pensé que me afectaría, nosotros tuvimos una relación de 6 años de noviazgo y él siempre muy complaciente se había casi que cambiado de familia con tal de estar juntos y sus padres nunca pusieron objeción.

Cuando me tocó pasar las fiestas con los suegros…

Cuando llegó ese día me sentí tan extraña, ya no era esta reunión con mi hermana y primos desde que nací, no se hablaban boberías y mi prima bailaba así fuese sola, ya no estaban los tamales de mi mamá y el pavo y jamón de mi nana, ni tampoco mi otro primo con estrellitas, volcanes y bombitas. En esta otra casa (aunque la esencia navideña era parecida), no era mi gente, en este caso la extraña, la de afuera, la invitada era yo.

Comimos a una hora más tardía que en mi familia y luego esperar las doce, ellos acostumbraban repartir e intercambiar regalos a la media noche, ya todos estaban grandes y la tradición de niño Dios o Santa había pasado de moda. Mis cuñados, como buenos chiquillos arrepinchosos, luego de eso agarraban para la calle, a casa de «amiguitos» y «noviecitas», con el permiso de mi suegro, solo por un par de horas, así que deseaban sacarle el jugo a ese tiempo.

Yo me quedé viendo a mi flamantísimo y a sus papas y dije “wow», ya formo parte del grupo de los adultos, ya veo todo esto desde otra posición. No sentimos deseos de amanecer ni nada de eso, al poco tiempo nos despedimos y nos fuimos a casita a empiernarnos jajajaja a disfrutar de un delicioso matrimonio sin hijos ni mascotas donde podíamos dormir a nuestras anchas hasta el día siguiente al medio día. Cuando nos parábamos a almorzar comida navideña a casa de mi mamá y luego al cine o a pasear. Divertido plan requete tranquilo.

Para año nuevo, pues el plan ya conocido para mí y para él también porque había pasado un par de años antes conmigo mientras su familia viajaba al interior a estar con los abuelos.

Cuando llegaron los hijos el círculo se puso más cerrado y vivíamos tan cansados con el «julepe» de los muchachitos que las navidades se convirtieron en rápidas y presenciales jejejeje íbamos, comíamos y luego a dormir porque al día siguiente lo que venía con niños pequeños siempre era “bomba y plena” despertándose muy temprano a abrir regalos de santa etc. De hecho, los padres comprometidos que no tienen super nanas saben lo que se vive los 25 de diciembre jajajaja.

Conozco de familias muy parranderas que amanecen todos, niños, adultos, abuelitos todos, bailan, cantan, comen y ven el sol salir.

También conozco otras familias que se llevan muy bien y pasan ambas fiestas juntas (ocurre cuando una de las dos familias es pequeña de dos o tres y los padres del esposo o esposa invitan a los otros padres), es cool porque no hay división.

En nuestro caso ya nuestros hijos crecieron, solo nos queda Muñe de 8 años, que nos llena de ilusión, todo ha cambiado, algunos seres queridos se fueron al cielo. Las navidades y año nuevo son en nuestra casa y disfrutamos desde el seno de nuestro remanso de paz.
Somos felices con esos planes y no sentimos incomodidades ni estrés y mucho menos deseos de parrandear, a todo uno se acostumbra.

En fin, cada quien con su fórmula que le funciona y le parece. Con el tiempo cada quien entiende que por más vueltas que des terminas en el mismo punto, son festividades para pasar en familia; eso no lo debemos olvidar jamás….

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