Una de las partes más difíciles de la vida, a penas uno se independiza completamente es saber administrar los recursos que tienes, más cuando te percatas que la canasta básica está por los cielos. 

Por Miriam Martínez – @Spectrum.Audiovisuales

Lo primero que debemos tener en conciencia son los gastos reales que poseemos por ejemplo: 

  • Apartamento ó casa (alquiler)
  • Servicios (luz, gas, agua, internet)
  • Supermercado (todo aquello que compramos en el supermercado)
  • Transporte público
  • Coche (gasolina y gastos relacionados)
  • Ocio (actividades, restaurantes)
  • Compras (compras varias como ropa, objetos de casa o aparatos electrónicos)
  • Viajes (todo lo relacionado con viajes)
  • Otros (donaciones, regalos, peluquería, blog)

Es importante ser saber que para darnos ciertos lujos debemos tener ahorros. Una vez tengas claro cómo controlar tus gastos diarios podrás pasar a priorizar tu ahorro.

El ahorro se puede priorizar de muchas maneras. Deberás clasificar las categorías de gastos que has definido en los siguientes grupos:

Gastos principales: Son los gastos que forman la base de tu estilo de vida y son difíciles de reducir en el corto plazo (similar a gastos fijos). En esta categoría suele haber el alquiler/hipoteca, el transporte que suelas utilizar o la escuela de los hijos, entre otros.

Gastos secundarios: Son los gastos que, aunque pueden ser importantes, tienes más margen para reducirlos o eliminarlos. A su vez, debes dividirlos en:

–    Recurrentes. Gastos secundarios que se repiten en el tiempo: compra del supermercado, factura de la luz, otros servicios de casa, restaurantes (si vas a menudo), suscripciones … suelen ser gastos mensuales.

–    Puntuales. Gastos secundarios que ocurren de vez en cuando o de forma muy poco frecuente: compras puntuales, regalos, viajes, actividades…

Una vez los tengas clasificados (ya sea en un papel, en un excel o en una nota mental) pasamos a ver la estrategia de ahorro a seguir por cada grupo.

OJO: Tu prioridad número uno será reducir los gastos secundarios recurrentes.

En primer lugar, debes buscar si hay alguno que puedas eliminar directamente. Serán aquellos gastos en que el valor aportado es prácticamente nulo.

Algunos ejemplos de gastos a eliminar pueden ser:

  • * Suscripción al gimnasio al que no vas o podrías sustituir por una rutina en casa.
  • * Servicios de video/música en streaming que no utilizas o podrías centralizar en uno solo (Spotify, Netflix, HBO, etc.).
  • * Apps de suscripción mensual que apenas utilizas.
  • * Servicio de limpieza o planchado que podrías hacer tú mismo.
  • * El café o desayuno de cada mañana (¿ te lo puedes hacer en casa?).
  • * Cigarrillos  (si no lo hace por su salud, hazlo por su bolsillo).

Reflexiona bien sobre cada uno de tus gastos y elimina sin piedad aquello que no te aporte suficiente. No es un proceso fácil, pero piensa que siempre estás a tiempo de volver a incorporarlo.

 

El siguiente paso es intentar reducir u optimizar los que no puedas eliminar.

Algunos ejemplos de optimización para ahorrar son:

  • Reducir el consumo en gas, electricidad y agua, además de cancelar los “servicios” adicionales que te incluyen en los contratos (en el caso de la luz puedes bajar los watts).
  • Contratar menos velocidad de internet
  • Ir menos a comer fuera si vas muy a menudo o, como solución intermedia, pedir comida a casa (suele ser más económico).(cocinar es la mejor manera de ahorrar y comer de forma más saludable)
  • Comprar ropa solo si la necesitas y, si es posible, en rebajas.

 

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