Cuando nos convertimos en madres, asumimos el reto de entregarle a la sociedad un ciudadano de bien, y en el camino para lograrlo buscamos ofrecerle a nuestros hijos todas las opciones posibles para su desarrollo integral. Es aquí, cuando nos encontramos con otras mamás que, al igual que nosotras, quieren lo mejor para sus pequeños.

Por Lucía J. León – @conociendoamama

Cuando llegamos a un grupo de mamás entramos tímidamente hasta dominar la situación. Empezamos a ver los defectos de otras madres y de sus hijos, criticamos sus formas de crianza o comportamiento. Y, de pronto, nos encontramos compitiendo con ellas por lo grandiosos que son nuestros hijos, por su excelente desempeño en la mayor cantidad de actividades extracurriculares y las mejores calificaciones.

Lo malo de esto es que a veces nos llevamos por delante los sueños y aspiraciones de los niños, porque se convierte en cuestión de honor que nuestros hijos hablen tres idiomas, practiquen pintura expresiva, sean prodigios musicales, destacados deportistas y figuren en el cuadro de honor de la escuela.

¿A caso nos hemos detenido un momento a preguntarles si desean hacer todas esas actividades?

Peor aún, en un grupo de mamás, donde deberíamos hallar apoyo, porque se supone que todas vivimos más o menos las mismas situaciones, resulta que encontramos juicio y desilusión.

De esta manera, la ocasión perfecta para relacionarte con mujeres que te pueden entender perfectamente, se va a la basura porque es más importante el qué dirán o sobresalir a costa de todo, en lugar de tejer redes de apoyo que te sostengan afectivamente, y te impulsen desde la asertividad y el placer de crecer juntas como mamás.

La maternidad es un camino que se transita sobre la empatía, cuando somos capaces de hacernos pequeñas para entender lo que nuestros hijos quieren expresar, traducimos su lenguaje, verbal y corporal, leemos sus emociones, y nos adentramos en su mundo para comprenderles. Y entonces ¿por qué no nos tomamos el tiempo para conocer y comprender a otras mamás?

Hay mucho que podemos aprender si abrimos nuestra mente al entendimiento, si estamos dispuestas a ponernos en los zapatos de otras mamás, en lugar de señalar o emitir juicios que nos limitan y nos separan.

Reunirnos con otras mamás nos ayuda a reencontrarnos en la feminidad, a reconocernos y valorarnos en los éxitos, a fortalecernos en los momentos difíciles y a establecer vínculos que pueden transformar tu vida desde una amistad profunda y sincera, lo cual se traducirá en beneficios incalculables para nuestros hijos.

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