Hace poco estaba con mis dos hijos y un amiguito en la barbería cuando el niño le dice a mi hijo menor: “quédate este fin de semana con tu mamá, así jugamos”. Mi hijo le dijo: “yo también quiero estar con ni papá, si tus padres se separan ¿con quién te quedarías?»

Sólo sonreí, miré a mi hijo y le acaricié la mejilla. En ese momento regresé en el tiempo a esas “reuniones” conciliadoras que son parte del proceso de “guarda y crianza”.

Por Yanina Maffla – @Ymaffla

Yo quería la custodia de mis hijos, mi ex esposo decía que era compartida o nada. Él expuso sus razones y yo las mías. Dentro de las razones que yo expuse el mediador me dijo: “ojalá, las mujeres que vinieran aquí pensaran más como usted, que no fueran egoístas con el padre y con los niños”. Aun así y como no llegábamos a un acuerdo el mediador nos dijo: ¿Ustedes quieren que los niños sean llamados para que el juez los entreviste? La respuesta en coro fue: “NO”. Una vez más dijo: “Me alegra que esa haya sido la respuesta, que ustedes dentro de todo no quieren exponer a sus hijos a decir con quién quieren estar”.

Al final, entre una y otra cosa, es otro escrito, la custodia quedó compartida, los niños se mudarían conmigo de lunes a viernes, un fin yo y el otro el padre; y de esa misma forma se lo explicamos a los niños.

Yo les dije que me llevaría la mitad de sus pertenencias porque ellos seguirían viniendo a su casa. El día que ya nos tocaba irnos de la casa, luego de haber recogido las últimas pertenencias les dije a mis hijos: “nos vamos” y ellos dijeron: “Nosotros nos quedamos aquí, vamos luego que acaben las vacaciones”. Debo confesar que mi corazón se rompió en millones de pedazos aún cuando me había estado preparando psicológicamente para esa respuesta. La psicóloga lo dijo: “lo mejor es no sacar a los niños de su habitad para que experimenten la menor cantidad de cambios”, pero bueno, hay decisiones que se tienen que tomar y ese también es otro escrito.

Cuando terminé de procesar lo que los niños me dijeron asenté y con un gran nudo en la garganta dije: “Ok, me voy”. Mi hijo menor corrió detrás de mi y me preguntó si estaba brava, sólo atiné a responder que no, cerré la puerta y me fui. Al sentarme en el carro mis lágrimas brotaron y tiré todo lo que tenía cerca, llegué a mi nuevo hogar, me tiré en la cama a llorar y luego de unas horas me paré, me bañé y me fui al salón de belleza.

Las semanas siguientes visité a mis hijos todos los días a mi casa y al empezar el colegio ellos vinieron a vivir conmigo a nuestro nuevo lugar, pero al llegar el fin de semana siguiente me dijeron que ellos se irían con su papá los fines de semana porque no era justo ver a su papá solamente dos veces al mes. Yo miré a mis hijos y les dije que estaba bien, pero que el fin de semana que su papá tuviera algún compromiso debían quedarse conmigo y ellos dijeron: “Ok mami”.

Otra vez me decía a mi misma: “no quieren estar conmigo”, pero al mismo tiempo me decía que ellos tenían razón. Mis hijos merecen el amor de ambos, el tiempo de ambos, los recuerdos de ambos en sus vidas sin un reloj de arena a lado.

Los niños terminaron regresando los lunes luego del colegio y yéndose los viernes luego del colegio. Aun cuando los lunes y algunos otros días quiero hacer una hoguera y tirar a mi exesposo y luego esparcir sus cenizas por diferentes lugares para que no haya forma que se vuelvan a pegar, también sé que él debe sentir muchas veces lo mismo, pero eso es harina de otro costal, mis hijos adoran a su papá.

En verdad soy consciente que me tocan menos horas con ellos, aún cuando no parece y en esas pocas horas que los veo me toca ser la bruja porque hay que estudiar, hacer tareas, llevarlos a cortar el cabello; yo también quiero ser Mary Poppins y tener horas de relajación con ellos por lo que en donde veo un pequeño receso me invento hacer algo, así sea salir a ver las estrellas. Pero se apaga la mamá maestra, no se habla de notas, de tareas, de exámenes.

Siempre habrá alguien que te diga que estás dando tus fines de semana, que tú eres la mamá, etc. Lo cierto es que una de mis mejores amigas me dijo alguna vez que cuando sus padres se divorciaron, una de las cosas que ella sentía que más le habían afectado era que su papá dentro de su lucha hacía ver a su mamá como la bruja de Hanzel y Gretel, que su mamá hacía lo posible por mantener la cordura y a veces la perdía. Y es que mi norte es que mis hijos salgan lo menos lastimados de este fuego cruzado. No digo que no estoy cometiendo errores, lo más probable es que este hasta sea uno, pero alguna vez alguien me dijo que si yo me preguntaba si lo estaba haciendo bien, es porque estaba tratando con todo mi ser de hacerlo bien.

Todavía recuerdo que la psicóloga a la que acudimos para que nos orientara de cómo decirles a los niños me preguntó que si yo quería a mi mamá y obviamente la respuesta fue sí, pero por ahí mismo me dijo y ¿por qué? Y yo en ese momento sólo levanté los hombros, pero me quedé pensando y la respuesta no era, es, ni será porque es mi mamá, no señor, la respuesta es: por todo lo que hizo y hace por mí, por eso la quiero.

A mí me encantaría que mis hijos puedan decir algo así, pero aun cuando las personas se cortan las venas por otras, no siempre el amor es correspondido. Y sólo digo esto porque yo he decidido amar a esos niños tratando de actuar de la forma más madura, dejando a un lado lo más que pueda mi ego. Y vuelvo y escribo, que no todos los días son iguales, que soy imperfecta y en el camino cometeré errores, tal vez iguales o peores, no lo sé, pero hoy les digo por medio de esta nota que trato diariamente de no poner en juego la felicidad de esos niños, ni la mía.

Si me pidieran un consejo, jamás se los daría, lo único que podría decir es que ojalá la bulla exterior y la interior no nos ensordezca.

Feliz mes internacional de la madre…

Si estás pasando por una situación similar, es importante que entre mujeres nos apoyemos, escríbele con confianza a Yani en sus redes sociales @Ymaffla