Solo al vivir la experiencia, es que te haces un poco más consiente de la realidad; la muerte es lo único seguro que tenemos en la vida y para eso nunca nos preparamos los seres humanos.

Por Gladys De Gracia – @gladysadg

La desaparición física de un ser querido, nos trae mucho dolor a nuestras vidas; en algunas situaciones  es repentina, y nos enfrentamos al duro proceso egoísta del ser humano, en no aceptar esa ausencia, molestarnos y buscar culpables a un nivel espiritual, reprochar todo tipo de creencia.

Entonces está aquella muerte que es natural, donde muchas veces se entendería que nos preparamos, en ese proceso de la enfermedad, para darle el último adiós a ese ser querido, pero en nuestro infinito deseo, queremos que esa persona sane y se quede con nosotros.

Este proceso natural de la vida, lo viví. La muerte de ese ser querido no fue fácil, pero si me dije muchas veces; esto no lo pedí, pero lo voy afrontar a mi tiempo y a mis reglas. De alguna manera, lo maravilloso se inexplicable se presentó. Recibí un libro, cuya portada decía “Bienvenido Dolor” y fue la lectura cuyas páginas eran lo más atinado para mí; fue como si justo en el momento que lo necesitaba, me llegaba la calma. Una calma temporal pero muy reconfortante.

Me permití llorar cada vez que lo sentía e inmersa en ese dolor, adopté la postura de no sufrir. El apoyo espiritual es lo más valioso que uno mismo puede darse, es ese bálsamo que necesitamos para ir sanando esa herida, poco a poco. No hay un tiempo específico, no hay etapa u orden a seguir, solo premia tu fuerza de voluntad.

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Es honrar los buenos recuerdos de esa persona, sus mejores momentos compartidos, hablarle en nuestros momentos de intimidad o escribirles, cada vez que necesitemos sentirnos cerca de esa persona. Esto último puede iniciar como una terapia saludable, y volverse un momento gratificante, donde expresas tus sentimientos, los dejas salir y sin darnos cuentas se genera un vínculo especial con ese ser querido.

El ser humano es egoísta por naturaleza, entendemos que la muerte es parte de nuestro paso por la vida y queremos sea para siempre y si lo es, hoy lo comprendo desde el corazón.

La muerte de un ser querido no se llega a superar, simplemente aprendemos a vivir con su ausencia física y su armonía en nuestro corazón.

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