¿Quién no ha discutido con su pareja? El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra…

Lo he hecho yo, y seguramente tú también. En cualquier relación, opinar distinto, pensar diferente, es válido y hasta beneficioso, porque nos nutrimos del otro, aprendemos formas de ver la vida distintas.

Por Anna Converso – @avantipsicologia

Pero… ¿qué hacemos cuando esas peleas se vuelven recurrentes y dañan la relación?

Pues aquí te dejo algunos aspectos, que debes tomar en consideración a partir de ahora:

  • ¿El amor o la guerra?: reflexiona si lo que deseas es vivir una relación basada en el afecto, el cariño, o en un campo de guerra, donde sólo lo primordial, sea tener la razón sobre el otro.
  • Ante cualquier conflicto, detente a pensar ¿qué hice yo para que esto sucediera?. Sí, aún cuando los conflictos no se detonen de tu parte, siempre hay un grado de responsabilidad, y es justo ese grado, el que hay que analizar. Bien sea porque dejaste e hacer algo, o hiciste de mas, cuenta para que se susciten los conflictos.
  • Si no estás lista para dialogar, entonces NO LO HAGAS. Permítete vivir tu emoción, tu raba, tu miedo, y cuando estés calmada entonces, busca el espacio para conversar. ¿Cuántas veces no decimos cosas de forma impulsiva, de la que después nos arrepentimos?
  • Analiza si el motivo de discusión es necesario, importante o relevante. Muchas veces, la mayoría de los conflictos en las parejas, se deben a pequeños desacuerdos, que nosotras insistimos en hacer grandes.

  • Respeta, siempre respeta. Si cuando discutes con tu pareja, ya se borró la línea del respeto, estás en problemas. Gritos, violencia, y lenguaje corporal agresivo no ayudan en nada, por lo contrario, se debilita el afecto entre ambos. Una discusión basada en la escucha, en la comprensión, lleva un camino ganado, aún cuando no estén de acuerdo en algo.
  • ESCUCHA para comprender, no para responder. Esa adrenalina que sentimos cuando discutimos, es la que nos lleva a querer responder y sacar argumentos válidos y no válidos, a como de lugar. Nos sentimos tan a la defensiva, que no escuchamos, solo oímos para dar una respuesta mejor. Pues, llegó el momento de que escuches qué necesita el otro, y te permitas comprender su punto, aunque no estés de acuerdo.

Un abrazo, un gesto de caricia, un «entiendo cómo te sientes, aunque no estemos de acuerdo», crea una conexión especial, que les hará recordar el por qué de su unión. Ponerle un ALTO a las discusiones con tu pareja, es darte un GO de amor hacia ti y tu persona especial. Al fin y al cabo, hagamos el amor y no la guerra, dicen por allí.