Te escribo esta carta porque me nace del corazón hacerlo. Sabes, de adolescente decía mucho: «ojalá hubiese nacido en Europa o en otro país» y ahora, te confieso que realmente no sabía lo que decía…
Por Martha López – @escribirconamor
Bien dicen que o uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Realmente no te he perdido porque siempre estás ahí para para mi. Pero hoy, que no estoy tan cerca de tus paisajes, de tu clima, de tu cómoda, de la calidez de tu gente; he llegado a entender muchas cosas.
Muchas personas han de estar pensando que soy una romántica y nostálgica de lo peor. A ellas les digo que también se atrevan a aceptar ese sentimiento de apego por sus raíces, no hay nada más lindo que eso.
No eres chiquito, ni pobre… eres grande y rico en calidez y tradición…
(Al final del artículo digo el nombre de mi país)
Te tachan de no tener oportunidades de empleo, de tener mucha delincuencia, de haber pasado por gobiernos corruptos que hirieron a tu gente y a tu nombre… Y si, estas deficiencias existen, pero como todo en la vida, siempre vemos lo malo, lo peor.
No lo hacemos solo contigo, si no con cada persona en nuestro día a día… ¡Así que ni te fijes en eso!
Me acabo de hacer la pregunta… ¿qué me gusta más de ti? y sabes, contestaría una y mil veces: «tu gente».
Si, somos hogareños, dispuestos a ayudar, alegres, trabajadores, amables, luchadores, y seguiría una larga lista…
Aunque debo aceptar que tu comida es única e irrepetible. ¡Ay cómo la he extrañado!
Estos más de cinco años lejos de ti no han sido fáciles. Aunque estoy en un país que me ha acogido con amor, mi corazón siempre guarda la añoranza de regresar a ti y ver a mis hijos correr y disfrutarte tanto como yo lo hice.
Ahora que he estado fuera de ti me doy cuenta que no muchos te conocen y ser sorpende cuando les digo cuál es mi país de origen. ¡Siempre les cuento con orgullo todo lo bonito que te compone y caracteriza!
Sé que no puedes leer, pero estás compuesto por millones de personas que si pueden comprender estas líneas.
Quisiera que tú que vives ahí disfrutaras de ese privilegio y que tú que, como yo, no vive ahí, sientas cono yo ese sentido de pertenencia y amor por tu tierra.
Eres privilegiado por el simple y tan divino nombre que  llevas… El Salvador.
Y sí, soy salvadoreña, de sangre y corazón.
Nuestra comida típica y de la más rica del mundo: las pupusas…