Este es un tema difícil: difícil de pensar, de leer y, en muchos casos, difícil de ayudar a nuestros estudiantes y clientes que han sido (o continúan siendo) víctimas de maltrato y otros traumas.

Por Johanna Hall Olivares –@cdcpanama 

Para tener una idea general, pasemos primero a un meta-análisis de 40 años de trabajo sobre esta cuestión. Sylvestre y col. (2015) encontraron que, a través de los estudios, las habilidades lingüísticas de los niños que son abusados , maltratados y/o han padecido un evento traumático, se retrasan en comparación con sus compañeros. La edad también es importante: cuanto más pequeño es el niño, mayor es el impacto que el abuso y la negligencia tienen en el lenguaje.

La investigación muestra que cuando los niños están expuestos a experiencias negativas la capacidad del cerebro para construir circuitos que permitan que diferentes regiones del cerebro se comuniquen y procesen información puede verse obstaculizada.

Si esos circuitos son débiles, el desarrollo de la función ejecutiva necesaria para regular el control del comportamiento, el control de los impulsos, que permite a los niños concentrarse y seguir instrucciones, puede verse obstaculizado.

La planificación de dificultades afecta no solo completar las tareas en la escuela, sino también la capacidad del niño para planificar su comportamiento, en lugar de actuar impulsivamente, y decidir la mejor manera de comunicar sus necesidades y sentimientos.

Una de las cosas que tiende a molestar a los niños que han sido traumatizados es la dificultad de predecir el futuro: no saber lo que se avecina es inquietante para los niños y genera ansiedad.

Otra función ejecutiva que puede ser débil es la capacidad de auto narrarse, de hablarse mentalmente sobre lo que deben hacer mientras realizan una tarea. Es una habilidad que los niños pequeños aprenden al escuchar a sus padres hablar con ellos cuando son bebés y, si no han tenido la experiencia, pueden necesitar ayuda para desarrollar la habilidad.

Tanto adultos como niños pueden desarrollar lo que se conoce como “Trastorno de estrés Postraumático” tras vivir un suceso traumático.

Existen distintos sucesos que pueden provocar un trastorno de estrés postraumático, entre algunos de ellos están:

  • La muerte inesperada o violentada de un familiar y/o amigo.
  • Lesiones físicas al menor.
  • Observar un incidente violento.
  • Accidentes de tráfico.

A nivel de Trastorno del Lenguaje un evento Traumático puede producir un “Mutismo” en el niño . Al hablar de mutismo nos referimos a la desaparición total del Lenguaje, sucediendo de manera repentina.

Pero existen otras manifestaciones, no verbales, que como padres pueden observar en un niño como consecuencia de un evento traumático. Entre algunas de ellas están: 

  • Agresividad.
  • Conductas disruptivas (pataletas sin razón, gritos).
  • Aumento en emociones negativas (llantos, enojos, tristeza).
  • Dificultades escolares.
  • Baja interacción social.
  • Dificultades para dormir.
  • Orinarse en la cama después de haber aprendido a ir al baño.
  • Representar la experiencia traumática en el juego.
  • Aferrase de forma inusual a sus padres.

Es importante que observe los comportamientos de su hijo, sólo así sabrás que algo ha sucedido y esta manifestando conductas diferentes. Necesitamos hacer una atención positiva rápida, predecible y eficiente.

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