Somos personas que pertenecemos a una sociedad, es cierto, pero ¿hasta dónde la evaluación externa debe limitarnos?

Tomar decisiones, es sin duda, una de las cosas más complejas en la vida, pero que hacemos a diario. Desde qué ponerte de ropa en la mañana, hasta a qué hora colocarás la alarma en la noche, son parte de un compás de decisiones, unas más triviales y otras sumamente importantes.

Por Anna Converso – @avantipsicología 

 

No vivimos solos, somos parte de un sistema, así que es inevitable que muchas de las decisiones en nuestra vida, no tengan un impacto en los demás. Pero, si eres una persona que piensa demasiado en los demás, o que tienes poca confianza en tí mismo, tomarás decisiones basadas en los intereses de los otros, y te preguntarás constantemente «¿les gustará o no?, ¿qué consecuencias traerá si hago lo contrario?».

Todos lo hemos hecho en algún momento, porque necesitamos psicológicamente encajar o agradar a quienes nos rodean, pero si esto lo haces a diario: ¡STOP!. Esto te va a llevar a mediano plazo, a sentirse totalmente infeliz, ya que estás anulando tus deseos, gustos, necesidades y preferencias por los demás.

El antídoto perfecto para evitar que esto siga pasando en tu vida, es la ASERTIVIDAD.

Esta es la habilidad que tenemos para defender nuestros propios derechos ante los demás, decir NO cuando queremos, y lo mejor de todo, ¡sin sentirte culpable!. ¿Maravilloso, no crees? ¡Ojalá nos enseñaran la asertividad desde bebés!.

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Así que ya sabes, la próxima vez que tomes una decisión, piensa primero en qué dirás tú de ti misma, y luego los demás. Aplica además, para todas las áreas de tu vida: personal, familiar, social y laboral.