El año 2020 ha marcado un hito en la historia de la humanidad; en todo el mundo, nos vimos “sacudidos” por la llegada de un virus que llegó para quedarse y ser parte de nuestras vidas.

Por Gladys De Gracia – @Gladysadg

El confinamiento en muchos lugares, fue de tipo voluntario o en el caso de nuestro país, algo inducido y obligatorio como parte de las medidas implementadas, para mitigar la propagación del virus.

Es así como a mí, me tocó atravesar esta época viviendo sola, teniendo en cuenta que continuaba asistiendo a mi trabajo y debíamos aún más reforzar esta medida, con el resto de mi familia que si debían cumplir el aislamiento por obligación.

En principio la idea de estar “sola en casa” no me parecía para nada aterradora, ya que me he un tanto acostumbrado, a disfrutar mi espacio a solas, y pues esto de la cuarentena lo veía como algo pasajero y sin llegar a ser parte de una nueva normalidad.

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Mis días iniciaron muy rutinarios y se volvían cada vez más pesados, abrumados a nivel laboral, porque había tantos cambios, comunicados y noticias inquietantes que me hacían pensar, ¿esto no lo voy a poder controlar? Sabía que no hablábamos de una simple gripe, de una orden a nivel de Salud y Gobierno que se iba a doblegar, pero sentía que cada día, el mundo se volcaba a combatir a un enemigo invisible y es en medio de todo este revuelo de informaciones y acciones a tomar, que me vi sujeta a pensar en mí y en mi propia salud mental.

La soledad se puede entender como la situación en la que vemos disminuidas nuestras posibilidades de interacción, bien sea porque no hay nadie a nuestro alrededor o porque aquellos que nos rodean, no nos manifiestan aceptación total de quiénes somos, esto comentó una profesora y experta en emociones de la Faculta de Psicología en la Universidad de la Sabana en Colombia.

Habiendo leído este extracto, y en ese mismo sentido, yo no me sentía sola, mantenía mi círculo social activo, constante comunicación con mi familia, pero si ante las nuevas adaptaciones que en un principio se veían extremas, llegué a fastidiarme, pero ¿entonces cómo debía responder a esto?

El distanciamiento social se volvía imperativo y debía buscar cultivar esa soledad (de vivir sola) y no sentirme sola, ya que cuando hablamos de soledad es importante diferenciar, entre estar solo – la parte física- o sentirte solo – la parte emocional; fue ahí como me propuse mantenerme en calma y por qué no, levantar la mano cuando lo necesitara.

Empecé con listar mentalmente las cosas que realmente extrañaba, esa simplicidad de valorar y amar las pequeñas cosas, darle aún más espacio a mi salud espiritual, meditando y estando en silencio como un acto de compasión hacia mí misma, admirar y darme tiempo para volver a realizar esas actividades que me generaban paz y felicidad,  mejorar en esto que hacía un tiempo lo había dejado por el famoso “no tengo tiempo” y sobre todo trabajar en la tolerancia y en lo que no podía controlar; el mundo estaba siendo de alguna manera estremecido y todo era incierto.

Fue como entonces poco a poco adopté rutinas básicas, pero que hoy se volvieron parte de mí y hasta reforcé, ya que es mucho de lo que siempre he deseado mantener estable; Mi paz y tranquilidad.

  • Valorar y hacer sentir valioso. a quienes amamos, y empezar por uno mismo. Cada vez que tenía la oportunidad de llamar o enviar un mensaje a mi familia o amigos cercanos, me proponía ofrecer mi apoyo, hablar en positivo y ¿por qué no?, si había que quejarse se sacaba todo, pero que fuese una catarsis y ya, porque si hay algo que no hace bien, es guardarse las cosas para uno mismo y dejarlas que tomen lugar permanente en nuestro haber.
  • Rutinas, las amadas rutinas son NECESARIAS… soy de llevar nota de todo y por todo. Me propuse a llevarlo al ritmo del nuevo cambio para poder meditar, entrenar, limpiar y organizar la casa, preparar mis comidas, y así no caer en la excusa de comer a deshoras o terminar comiendo lo que sea. Estamos ante una situación en la que debemos generar buenos hábitos alimenticios y así darle cariño a nuestro sistema inmunológico.
  • Activar mi propósito personal y profesional, una vez cumplidos los 60 días de este confinamiento y habiendo sido sujeta a cambios en mi entorno laboral, me plantee que esto debía ser una adaptación transitoria y que tenía que tomar las riendas. Volverse sedentario no es una opción, eso lo tenía que evitar y fue por ello que me propuse objetivos a corto y mediano plazo, alcanzables y que me permitan ver mi valor agregado, hablando en términos personales y profesionales.

Y lo más importante para el logro y éxito de pasar esta cuarentena viviendo sola, es que me desintoxiqué de las noticias alarmistas, la sobre información y redes sociales. Hacer más de lo que nos mantiene en calma y tranquilos.

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