Me acabo de dar cuenta de algo. Mi hijo Lucas “pace”. Yo “pace” siempre que debo pensar, inspirarme, hablar, preocuparme. Pacing es caminar con ritmo. Por ejemplo, camino en círculos grandes, Lucas veo entra por un lado de la cocina y sale por el otro. Camina alrededor de los sofás. (Si, estás leyendo el diario de una mujer con autismo…)

Por Khaty Villaverde – @yosoykathyvillaverde

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No me había dado cuenta de eso hasta esta noche al volver a casa. Quizás me percaté porque es una de esas pocas veces que mi mente viene en revoluciones tranquilas y bajas. No tenía dos millones de pensamientos autistas. Podría decir que estaba yo ZEN, sentada en el comedor sin sentir prisas ni nada y me quedé observando el cuerpo delgado y alto de mi hijo mientras me pasaba cerca y rápido como una silueta.

No siempre me encuentro en ese estado que me siento como “calm”. Toma mucho para que mis sentidos sensoriales se organicen y se encuentren en sintonía. Normalmente los sentidos sensoriales están en modo alerta y eso es algo plenamente autista. Esta noche me sentía bien, nada de cuidadosa y pude observar a Lucas con detenimiento.

Cuando me caí en el autismo, me entendí a mi misma, pude ver distintas cosas en mi vida que yo respondí literalmente, con fuego y con confusiones.

Leyendo y estudiando aprendí mucho de mi persona. No ha sido fácil pero tuve mis AHÁ moments. De haber sabido antes, quizás mi vida hubiese sido diferente, hubiese comprendido mi mente pero ahora la entiendo y pues sé cuando me siento así ZEN.

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Cuando me logro sentir ZEN, me lo tomo con calma, me lo disfruto, no dura muchas horas, pero en ese momento es placentero que es como comerse un pie de limón con calma y no en corredera que ni sientes los sabores ni te lo disfrutas.

Hoy por ejemplo, me desperté cansada y fui a unas reuniones. Me presentaron unas personas que en vez de estrechar manos, estos preferían intercambiar beso las mejillas. Eso me da una reacción de agujas y yo lógicamente se regular mis niveles de rareza y no iba a comportarme socialmente autista, luego fui a otras cosas. Todo eso me roba energías pero mi sistema sensorial se pone en alerta total.

Esto lo comparto en realidad para mis amigos que tienen hijas dentro del espectro.

Cada persona en el espectro tiene un sentido más sensible que otros. Es como ser no vidente pero viendo. Para mi hijo es lo auditivo, ya no es tan malo, ahora en el carro disque baja el volumen, y yo queriendo meterme adentro de la radio porque no escucho. Ahora también veo que para darme un besito, un poco más y tengo que tirarme de un precipicio para lograr apañar ese besito de mi hijo. ¿Abrazos? Bueno le tengo que pedir “can you give me a hug?”, y a veces dice NO y, NO es NO.

Nunca me he hecho un masaje, supongo podría morir en esa mesa. Veo que a mis amigos les encanta. Cuando Sofia era más chica yo le pedía que se sentara en mi espalda. Eso me ayudaba. Ahora pues voy donde el doctor a que me ayude si mis músculos se estresan.

Todos los días aprendo algo nuevo de Lucas. Ahora aprendo cosas nuevas de mi. Lo nuevo es bueno y esta noche me di cuenta de algo. Cuando mis sentidos se relajan, las pocas veces que logro eso, me siento tranquila y disfruto esa sensación de que no siento mi piel en agujas. Ya se fue. Pero me gusta cuando pasa.

El espectro autista es sofisticado, diferente, a veces hermoso. ¡No todo es malo!